SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN CICLO C

Celebramos uno de los aspecto de la Resurrección que es la glorificación de la humanidad de Jesús y por lo tanto el final de su presencia en la tierra después de los encuentros con el resucitado. Para expresar esto usamos en nuestro leguaje y con nuestros símbolos esto de “subió al cielo y se sentó a la derecha del Padre”. Los profesamos así en el Credo y lo contemplamos cada vez que rezamos los misterios gloriosos del Rosario. Hoy hemos escuchado la versión de San Mateo que sitúa la escena en Galilea y aparece el gran envío. Pero hoy no voy a hablar de la Misión sino del camino del cielo. Nuestra vida es un camino hacia el cielo al encuentro con el Señor Esto es lo que San Pablo pedía para los de Éfeso, ser conscientes de esto. Al bautizarnos recibimos ese billete para el cielo y toda la vida es conservar ese billete. Algunos lo rompen y prefieren vivir sin Dios y para terminar en la muerte. Jesús nos enseñó que el camino de subir es bajar. 

El bajó del cielo y como dice el himno de Filipenses pasó por uno de tantos y se sometió a la muerte y muerte de cruz. Jesús vivió ese camino de abajarse para venir a buscarnos. Se manchó con el barro de nuestros caminos y saboreó la muerte, la muerte más cruel y vejatoria que podía existir entonces. El camino de la humildad empieza por algo muy humano que es cultivar una sana autoestima que nos hace capaces de vernos como somos, con nuestras cualidades y dones y con nuestras limitaciones y defectos. Tanto de lo uno como de lo otro. Esto ya no es fácil pero está a la mano de todos, lo encontramos en libros de autoayuda y muchos YouTuber. El camino de la verdadera humildad es más duro y profundo. Jesús no se quedó en la cruz, bajó más abajo, descendió a los infiernos. Así empezaba la Pascua, recuerdo que os hablaba de esos iconos bizantinos en los que Jesús aparece pisando las puertas del infierno y con Adán y Eva de la mano (iconos de la Anástasis). Jesús no sólo se manchó del barro sino que se sumergió en el fango de nuestro infierno. Y bajó hasta allí para sacarnos. 

Para explicar la verdadera humildad me ayuda la experiencia de la adicción. Cuando la padecemos no somos capaces de pedir ayuda hasta que no hemos tocado fondo. ¿Conocéis a alguien que haya tocado fondo? Pues esa es la verdadera humildad, es tocar fondo y desde allí reconocer: “no puedo salir de mi mierda, sácame Jesús”. No tengamos miedo a reconocer nuestro infierno y a ser conscientes de ello. Allí está Jesús, está siempre, siempre como ha dicho en el Evangelio. Allí Él te dice: “no tengas miedo, estoy aquí, cógete de mi mano”. Para subir hay que bajar, el camino de ascender de descender. Sólo desde allí podemos subir al cielo y de la mano de Jesús. Feliz día de la ascensión y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.