SEMANA CUARTA PASCUA CICLO C DOMINGO

Hay un mito griego que me viene a la mente hoy. Es el mito del laberinto.  El Minotauro vivía en su centro y todos los que entraban en él eran presa de la fiera. Teseo consiguió entrar, derrotar al minotauro y salir con la madeja que había ido dejando conforme se adentraba. Esta laberinto es un símbolo de nuestros miedos y del miedo más grande que es el miedo a la muerte. Jesús consigue derrotar a la muerte y no vuelve a la entrada del laberinto como Teseo, sino que abre una puerta desde su mismo centro.  Para los que condenaron a muerte a Jesús Él era un impostor, una trampa en ese laberinto. Pedro proclamó el día de Pentecostés todo lo contrario, que es Señor y Mesías.  Jesús no es trampa sino puerta su Evangelio no defrauda ni manipula. 

Cuando somos bautizados se nos impone el nombre. Nuestro nombre, como el rostro, la voz y la huella dactilar nos definen como personas. No somos una oveja más de un rebaño sino una persona única, lo somos para los que nos conocen y nos aman. Lo somos para nuestro Pastor que nos llama pos nuestro nombre y nos conoce uno a uno.  Desde el día de nuestro bautismo Él nos llama cada mañana. Nosotros a veces lo escuchamos a veces no. A veces somos ovejas dóciles y confiadas y a veces somos cabras indomables e independientes.  En el centro del laberinto de la vida ya no está el Minotauro sino que está Jesús llamándonos. Si le escuchamos y seguimos esa voz llegaremos al centro, a la puerta. Si no lo escuchamos nos perderemos en el laberinto y estaremos allí dando vueltas para siempre. En ese camino hacia el centro seguro que nos encontramos con otras ovejas perdidas que no conocen su voz. Podemos ayudarlas a confiar en Jesús y ponerse en camino, podemos acompañarnos y ayudarnos aunque el camino sea personal e intransferible. 

En un tiempo en el que tanta falta tenemos de líderes, de pastores que nos infundan confianza, en estos tiempos de incertidumbre cuando tantos miedos nos asaltan, tenemos un pastor en quien podemos confiar, el que se ha jugado la vida por nosotros, el que nos conoce uno a uno. Renovemos nuestra confianza en Él y pongamos en nuestra forma de vivir los medios para no dejar nunca de escuchar su voz porque nos va la vida en ello. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.