JUEVES SANTO

He leído el texto de la última cena en clave de visión. Nunca lo había hecho y es sorprendente. San Juan quiere subrayar que Jesús sabía bien porqué hacía lo que hacía: había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, venía del Padre y a él volvía. En ese movimiento, en ese PASAR se encuadra su muerte, aquella cena y el gesto de lavar los pies. Pedro no tenía esa visión, por eso Jesús le dice que no lo podía entender entonces. Cuando nos falta visión no entendemos nada. Nosotros vemos lo que está sucediendo ahora mismo, con la carga del pasado y la incertidumbre del futuro. Dios tiene una visión más amplia. Es como el que se sube a lo alto de una montaña. Para comprender lo que significa la muerte de Jesús, la Eucaristía, el servicio… necesitamos su visión, su manera de ver los acontecimientos y a las personas. Muchos se quejan en estos días de la falta de visión de nuestro gobernantes. Un buen líder es el que se anticipa, prevé y se prepara. Así fue Jesús a su Pasión, así nos necesita él a nosotros. No dejemos de pedir una y otra vez, cada día tener la visión de Dios sobre nuestra vida, sobre nuestra comunidad, sobra la Iglesia entera y sobre el mundo. 

Lo segundo es el servicio en la comunidad. En el proceso del discipulado veíamos que llega u momento en que el discípulo decide comprometerse con la comunidad en un servicio estable (en el matrimonio para siempre) compartiendo sus cualidades, capacidades, dones y carismas. Es un paso que no todos los discípulos están dispuestos a dar. Muchos prefieren recibir, que les laven los pies. No tienen tiempo, no están preparados… Analizando un día el movimiento de la Parroquia nos dimos cuenta de que el peso de las actividades y ministerios lo llevamos entre 15 hermanos. Hay muchos que no sirven. Es cierto que al final de curso algunos dijeron en la encuesta que no sabían qué eran los ministerios. Algunos no participan porque no se les invita o no saben donde servir. Hoy es un día propicio para que cada uno piense donde está lavando los pies y donde los podría empezar o seguir lavando. Es el amor hecho servicio lo que construye la comunidad. Lo que hace posible que vivamos este milagro de la alegría de la cálida fraternidad. 

Y lo tercero que quiero subrayar hoy es la Eucaristía. Esta situación que estamos viviendo es dramática. Muchos millones de católicos llevan semanas sin poder comulgar. Yo no sé lo que es eso porque sí que disfruto de la Eucaristía. La Cuaresma tiene como uno de sus pilares al ayuno. No podíamos imaginar que íbamos a ayunar de Eucaristía. Cuando uno ayuna de algo lo aprecia más. Muchos me compartís lo que echáis de menos poder comer el Cuerpo de Cristo. Yo creo que aunque el sacramento no se puede vivir en su realidad material, el deseo basta. Como el bautismo de deseo, el que desea recibir a Jesús y unirse a él, el Espíritu Santo que está en nosotros hace su obra. Esta situación nos está enseñando también que lo que a veces consideramos imprescindible no lo es tanto. También esta situación nos ayuda a saber lo que viven muchos católicos del mundo que no tienen Eucaristía cada semana. Yo cada día que la he celebrado me he sentido unido a todos y hoy de un modo especial y sé que pesar de estar separados físicamente el Espíritu Santo puede hacer el milagro de la comunión.  Pues a ello vamos. Feliz Jueves Santo y Bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.