SEMANA QUINTA CUARESMA CICLO A DOMINGO

La relación que comienza con un flechazo y el enamoramiento termina en el matrimonio después de un tiempo de noviazgo. Pero el matrimonio no es un fin en sí mismo. El hombre y la mujer se entregan el uno al otro para formar una comunidad de vida y amor que no se cierra en ellos mismos. El amor verdadero da fruto, el matrimonio no tiene sentido si no está abierto a la procreación. Ahora hay parejas que se cierran a la vida y se “gozan” en su cómoda esterilidad. Se salen del ciclo de la vida que es un regalo para ser regalado.  Meten su relación en un sepulcro donde se muere el amor. En nuestra relación con Jesús también hay una etapa de fecundidad, de dar vida. 

El domingo pasado veíamos que el paso del matrimonio significa ese momento en el que el discípulo misionero se compromete de forma permanente en la comunidad cristiana poniendo al servicio de la comunidad sus capacidades y carismas. Este compromiso llega a veces a ser una vocación como el sacerdocio, la vida religiosa o el mismo matrimonio cristiano. Pero este compromiso no tiene un fin en sí mismo en el seguir creciendo en la relación con Jesús yo sino el hacer posible que otros crezcan en esa relación. Aquí cobre su protagonismo la dimensión misionera del seguimiento de Jesús. El discípulos es misionero y hace discípulos misioneros. El discípulo que ha llegado a la madurez en el seguimiento de Jesús vive la alegría de evangelizar, de sacar del sepulcro a otros para que tengan una vida plena en relación con Jesús. 

El discípulo misionero maduro tiene una visión clara de su propósito en la vida y de lo que su comunidad cristina quiere llegar a ser. Se siente habitado por el Espíritu de Cristo y  por eso saca a tantos cristianos del sepulcro de una vida espiritual mediocre, de un estilo de vida cómodo y egoísta. Y quiere dar vida al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, empeñado en que muchos hombres y mujeres conozcan a Jesús, se enamoren de él, se decidan a seguirlo en un proceso de discipulado hasta un compromiso estable para poder ser ellos misioneros de nuevos discípulos. Es como el ciclo de la vida, es como la fecundidad del matrimonio en los hijos que un día serán padres. Yo creo en Jesús que es la Resurrección y la vida y creo que veré la gloria de Dios. No solo más allá de la muerte sino en que la veré en una Iglesia misionera, saliendo al encuentro de tantos que no tienen Vida en plenitud. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.