SEMANA TERCERA CUARESMA CICLO A DOMINGO

Quien nos iba a decir que la semana de enamorados iba a acabar así.  Las circunstancias son muy especiales y hacen de esta cuaresma un desierto especial. Pero sin duda podemos seguir ese itinerario que nos hemos marcada para este camino. La semana pasada, domingo de la Transfiguración,  vimos que Dios nos promete una herencia eterna, que vamos al cielo. La segunda lectura de hoy nos dice que vivimos en la esperanza de la Gloria. El camino hasta allí empieza por el encuentro con Jesús, por ese enamoramiento. Es la primera etapa que culmina con el paso de “ponerse novios”. La relación se formaliza de algún modo hay un compromiso de dejar cada uno su vida y empezar a hacer planes juntos. Desde un viaje, hasta comprar un piso. Al enamorarse se da un primer conocimiento que conquista pero se debe dar paso a un conocimiento más profundo y realista del otro. Y claro llegan las primeras decepciones y las crisis. Hay que aprender a aceptar al otro como es y a superar los baches con sinceridad y diálogo. Si toso esto no se da en el noviazgo la relación se estanca y no madura. 

En la relación con Dios también hay que bajar de las nubes al suelo y aterrizar. El discípulo se da cuenta de que para seguir creciendo en esa relación tiene que comprometerse de algún modo en un proceso comunitario. No siempre esto llega y nunca es fácil. Nos es más sencillo revolotear de flor en flor, de experiencia en experiencia, de retiro en retiro, de grupo en grupo. Algunos enamorados deben madurar y dar el paso. Esta Cuaresma es un tiempo propicio para comprometerte. No quieras estar como la Samaritana que iba por la sexta relación. Su sed de amor no era saciada por ningún hombre. Esta mujer que parece no estaba centrada, representa nuestra radical necesidad de amor que tantas veces no saciamos bien. Jesús te ofrece un agua que te libera de estar buscando por aquí y por allá. También en la relación con Dios llega la decepción. No sentimos decepcionados cuando Dios no nos concede lo que le pedimos, lo que necesitamos. Así se sentía el Pueblo de Dios por el desierto, que fue su noviazgo. Después de las primera ilusión de la liberación viene la preciosa rutina del amor y llega la queja “con lo bien que estaba yo sin novio”. ¿Hay en ti esta queja? Hay discípulos que se van apagando y terminan ahogados en la queja que les roba la alegría de seguir a Jesús. El discipulado no es como se lo habían imaginado, requiere tiempo y constancia. Analiza tus desánimos, tus cansancios en el seguimiento de Jesús. Este es también un tiempo propicio para volver al amor primero, para refrescar con el agua de Jesús vuestra relación. El noviazgo no es para siempre y culmina en el matrimonio, pero de eso hablaremos la semana que viene. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.