SEMANA SEXTA TO CICLO A DOMINGO

Siempre que llegamos a este punto del Sermón de la Montaña me esfuerzo en explicar que Jesús no da una vuelta de tuerca a la ley de Moisés. Esa plenitud de la que él habla es la capacidad de amar de los discípulos misioneros que no es de mínimos, sino de máximos. Me gusta poner el ejemplo de la natación. La ética civil de mínimos es chapotear, la ley de Moisés nadar con esfuerzo sin mucha técnica, la ley nueva del Evangelio es nadar con técnica mucho y bien. El Espíritu Santo nos lleva a la plenitud del amor, a desarrollar toda la capacidad de donarnos, a nadar bien. La imagen de Fano de este domingo utiliza el símil de la plataforma con muelles que utilizamos para saltar más alto. El amor nos lleva más alto que la ley. 

Dicho lo cual no me quiero centrar en esto. La clave de la homilía de este domingo nos la da el símbolo que repartimos para meter en la cartera junto a la libreta, el lápiz y la merienda. Se trata de unas tijeras. Se me ocurrió esto leyendo lo que dice Jesús de cortar la mano que te hace pecar. Precisamente tenemos una hermana en la parroquia a la que van a amputar un dedo, si no lo hacen la necrosis sigue y sigue y puede perder el brazo. Entre tantos temas que leemos en este fragmento podemos perder de vista este detalle. Podemos estar centrados en la plenitud del amor, en objetivos muy excelentes, en alcanzar lo que nos proponemos o lo que se espera de nosotros y nos damos cuenta de que hay en nuestra vida causas, no evidentes a simple vista, que nos impiden crecer. No nos engañemos no crecer es morir. La necrosis empieza por un dedo y se extiende. El discípulo que no quiere crecer antes o después deja de ser discípulo. 

Sin pretender  ser exhaustivo podemos enumerar: sentimientos de culpa por nuestro pasado que nos hunden, complejos de todo tipo que nos impiden ser auténticos, victimismo que no nos deja salir de nosotros mismos, hábitos enquistados de pereza,  de desorden de espacio y tiempo, el no saber priorizar, un estilo de vida cómodo, dejarse llevar por la compensación siempre que me toca algún sufrimiento… todo esto no es pecado, no es “malo”, pero no me permite crecer, saltar para elevarme de la mediocridad. Si no trabajamos estas raíces viviremos una constante frustración entre lo bueno que deseamos y lo que conseguimos. El poder del Espíritu Santo no puede suplir este trabajo de poda personal que cada uno tiene que hacer. Pues piensa en algo, sólo un aspecto de tu vida que necesita la tijera y ¡corta por lo sano! Y siempre la meta la fondo, dice San Pablo que no podemos ni imaginar lo que Dios nos tiene preparado… Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.