SEMANA SEGUNDA TO MARTES

Uno de los frutos del Espíritu Santo es la libertad interior y esa Libertad ópera entre otras cosas en la libertad de las apariencias. Seguro que David, lleno del Espíritu del Señor actuaba con esa Libertad y no tenía miedo a que lo tacharan de sacrílego cuando cogía esos panes para que su tropa no muriera de hambre. Esa misma Libertad tenía Jesús y no era comprendido. Jesús no guardaba las apariencias. Rechazaba de plano una religiosidad hecha de apariencias. La complacencia es todo lo contrario. Es hacer lo que no quiero para agradar a los demás. Pide al Espíritu Santo esa libertad interior. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.