SOLEMNIDAD DE Santa María MADRE De Dios

Durante siete días hemos estado celebrando la Natividad del Señor. Es una fiesta tan grande que como la Resurrección no nos cabe en un solo día. En las parroquias se nota menos pero en los conventos por ejemplo, he estado dos días celebrando en uno, se celebra cada día con la misma solemnidad que el día 25. Hoy ponemos la mirada en María. En ella comenzó al nueva creación, en su seno se unió la humanidad y la divinidad, allí empezó a unirse el cielo y la tierra. La Tierra comenzó a ser el cielo. Precisamente en el Concilio de Éfeso se zanjó la cuestión cristológica de la doble naturaleza humano/divina de Jesús. Por eso se la aclamaba como Madre de Dios, porque la madre de Jesús es la madre del Dios hecho hombre. 

En el misterio de la Encarnación descubrimos algo muy importante. María puso todo lo que tenía que poner y nada más. Puso su cuerpo, un óvulo, su tiempo para la gestación, el amor de madre… y el Espíritu Santo puso el resto. En los sacramentos sucede los mismo. Nosotros ponemos pan, vino, agua, aceite, gestos, palabras y el Espíritu Santo pone el resto. Sin lo nuestro no hay sacramento, pero solo con lo nuestro tampoco. Y no tenemos que preocuparnos más que de los nuestro. La parte de Dios es cosa auya. En la obra de la evangelización a nosotros nos toca anunciar e invitar, dar testimonio. Pero el tocar el corazón no nos corresponde a nosotros. Así que de la respuesta y del fruto no nos preocupamos. Yo me preocupo de hacer im pate y la de Dios es cosa suya. En las relaciones entre nosotros sucede igual. En una relación tu hacer tu parte, por ejemplo pedir perdón, que la otra persona te perdone o no depende de ti. No te agobies. Cuando acompañamos a alguien o ayudamos a alguien no podemos hacer su parte. El que pide ayuda tiene que llamar, tiene que buscarnos. Si nosotros lo buscamos no le estamos dejando hacer su parte. Como María, en todo ponemos nuestra parte que al ser virginal nos puede parecer insuficiente, y con confianza, dejamos a Dios hacer el resto.

En el Evangelio dice que se formó una conversación entre los pastores, María y José hablando de “lo que se les había dicho del Niño”.  Me recuerda esto a nuestros grupos de vida, a los grupos que en tantos sitios y de tantas formas se reúnen para compartir sobre “lo que se dice de Jesús” para compartir la Palabra de Dios. Es una experiencia preciosa esto de los pequeños grupos. No se trata de un grupo de amigos porque los amigos se escogen, los hermanos no. No suelen ser homogéneos solo matrimonios, todos de un nivel social o en formación intelectual o sensibilidad espiritual; el ser variopintos les da frescura  aunque a veces cueste esto de compartir con otros con los que habitualmente no lo haría. Es todo un reto dejar que los pastores (esos incultos hombres de campo) nos digan algo sobre Jesús a nosotros (María y José). A los que vivís esta experiencia seguro que ya habéis recibido muchas cosas para guardar en el corazón como María. A los que no la vivís todavía no dejéis de buscarla. Feliz Año lleno de bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.