SEMANA TERCERA ADVIENTO CICLO A DOMINGO

La pregunta con la que Juan envía a sus discípulos desde la cárcel es difícil. Puede parecer, y es una de las interpretaciones, que el Bautista se había decepcionado con Jesús porque sus estilos eran diferentes. Jesús no era el Mesías de la justicia que amenazaba con arder en el fuego si no se convertían, sino el que anunciaba la buena noticia del amor de Dios gratuito e incondicional. Jesús responde con los hechos, con los signos, no entra en discusión sobre estilos y paradigmas. Los hechos le dan la razón porque es lo que anunció el profeta Isaías como vemos en la primera lectura. 

Estamos en el Adviento del deseo. Deseamos a Dios, pero… ¿todos deseamos lo mismo de Dios? o más aún ¿todos deseamos al mismo Dios? Hay personas que se acercan a la Iglesia buscando y se decepcionan porque no encuentran lo que buscaban. Y siguen buscando y se van al Reiki, a los magos y adivinos, terapias alternativas… el Papa precisamente en su catequesis del 4 de diciembre dejaba bien claro que la magia y la fe son incompatibles porque la fe “es un abandono confiado en el amor de Dios gratuito”. Y esto no es la seguridad que algunos buscan en lo espiritual. Que me vaya bien, que tenga suerte. Me sorprendo que hermanos nuestros de la parroquia envíen mensajes de whatsapp sobre ángeles que dan suerte, herraduras que hacen que te toque la lotería… Estos, seguro que se decepcionan y no van a encontrar lo que buscan. Una pena. 

Y el deseo requiere su tiempo para madurar, paciencia. De esto nos habla la segunda lectura de hoy. En esto estamos poco acostumbrados. Cuando deseamos algo lo queremos ya. Esto sucede por ejemplo en la educación sexual de los jóvenes. No se les educa en esperar en el deseo y no buscar el placer inmediato y momentáneo. Esto no solo es en la sexualidad. Esperar en el deseo a que llegue el tiempo oportuno se interpreta como una frustración y u sufrimiento inútil. Estamos acostumbrados a cocinar con Thermomix cuando el potaje rico rico se hace en el puchero durante dos horas.  Dios nos educa haciéndonos esperar, a tener paciencia, porque las relaciones sanas y verdaderas requieren paciencia y saber esperar. Es mayor la alegría del bien esperado con paciencia que el gustillo inmediato de la impaciencia. ¿Cómo es mi paciencia, que alegría busco, que deseo de Dios? Hay preguntas para pensar un buen rato. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.