SEMANA TRIGÉSIMO PRIMERA TO CICLO CO DOMINGO

En este fin de semana extraño, de puente y primero de noviembre nos encontramos con Zaqueo. Este jefe de publicanos que sería como un capo de la mafia, muy corrupto y muy muy mal visto. Que sentía curiosidad por ver a Jesús. La curiosidad nos lleva muchas veces a malas situaciones pero en este caso fue el resquicio que aprovechó la Gracia. Cuando aquel día Zaqueo se levantó no podía imaginar como iba a cambiar su vida. Jesús vería sus piernas colgando de la rama de aquel árbol y levantó la vista para encontrarse con los ojillos curiosones de Zaqueo. Y ahí vino el bombazo, Jesús quería ir a su casa. Este gesto de Jesús fue desconcertante y provocador. No se hablaba de otra cosa esa tarde en Jericó. Zaqueo estaba muy contento y suponemos que ufano de que este hombre tan famoso fuera a su casa. Llamó a todos su amigotes y preparó una super velada en honor de Jesús. 

¿Qué pasaría en esa cena entre plato y plato para que Zaqueo hiciera lo que hizo? No me imagino a Jesús soltándole un sermón. Jesús le haría un par de preguntas potentes. ¿Zaqueo eres feliz? ¿Zaqueo tienes amigos? Esas preguntas que hacen pensar y tocan el corazón. Allí estaba Jesús ofreciéndole a Zaqueo su amistad. Todos lo buscaban por su dinero y otros lo criticaban. Jesús sabía quien era y no lo criticaba, le ofrecía su amistad y no quería su dinero. Esta relación era algo para él. Jesús lo ama de forma incondicional.  Zaqueo se siente por primera vez en si vida amado, bueno suponemos que sus padres lo pudieron  amar así, en su verdad. “Jesús sabe quien soy y no me rechaza, Él me ama”. Esta experiencia es la que hizo cambiar a Zaqueo, la que le permitió crecer. Esa noche Zaqueo se acostó con una estatura mayor. Su corazón se había ensanchado.  Estaba emborrachado del vino de la misericordia y como un enamorado hizo la locura de entregar la mitad de su riqueza a los pobres. Como dice el Papa Benedicto XVI el encuentro con Jesús le daba a su vida un nuevo horizonte. Ya no viviría para el dinero. 

Cada uno de nosotros necesitamos esta misma experiencia de ser amados en la verdad. Por eso nacemos en una familia donde somos conocidos sin caretas ni disfraces y somos amados. Sin esta experiencia fundante no podemos madurar en el amor. Y esta experiencia es la que fundamenta nuestra fe, nuestra relación con Dios. Jesús que me quiere me ama tal y como soy. Cada Eucaristía es una cena de pecadores como la cena en casa de Zaqueo. Y en ella Jesús nos regala esta experiencia que necesitamos repetir una y otra vez.  Como el leer cada día el Evangelio para encontrarnos con el amor incondicional y gratuito de Jesús. Salgamos hoy de la Eucaristía más altos, mas grandes, emborrachados del vino de la Misericordia. Feliz domingo y bendiciones.  Para ver las lecturas pincha aquí.