SEMANA TRIGÉSIMA TO CICLO C DOMINGO

Terminamos el mes de octubre dedicado a la oración. Hemos visto como la oracón requiere fe, fe en que Dios sabe más y por eso no del decimos lo que tiene que hacer sino que le decimos: “¿qué esperas de mí? Que la meta de nuestra oración es una adoración en Espíritu y en verdad con toda la vida y que sin constancia, sin oración personal diaria no hay verdadera relación con Dios. 

Este domingo vemos a dos personas orando. La actitud de cada una es muy diferente. El publicano se dedicaba a cobrar los impuestos para los romanos, los invasores, y estaba muy mal visto. El otro es una fariseo, de los bien vistos, de los religiosos que cumplían con las normas. Cada uno proyecta en la relación con Dios la relación que tiene con los demás. El publicano se sentía ante los demás indigno de ser amado minusvalorado. El fariseo ante los demás se sentía admirado y valorado. Ambos ponían su valor en lo que hacían, porque normalmente así hacemos entre nosotros, nos damos mas o menos valor por lo que hacemos o dejamos de hacer. 

Pero no es así con Dios. Para Dios todos tenemos el mismo valor hagamos lo que hagamos, consigamos lo que consigamos. No valen más unos que otros. Dios quiere igual al publicano que al fariseo, exactamente igual. Lo que pasa es que la actitud fariseo permite a Dios hacer algo, la del fariseo no. El fariseo no necesita a Dios, no necesita que lo salve. Se cree que es una oveja super lista que solita sabe el camino y nunca se equivoca. Y qué equivocado está. En publicano está equivocado también porque no se atreve a mirar a Dios cara a cara. Piensa que Dios no lo va a mirar con cariño. Pero éste sí deja hacer algo a Dios. Se reconoce oveja perdida que necesita que el pastor la guíe. No sólo que le enseñe un camino sino que la recoja, la cure, la acaricie y la cuide. Esta es la verdadera humildad: reconocer nuestra radical incapacidad para ir sólo por la vida, para darle un sentido a la existencia por nosotros mismos, para poder amar con nuestras propias fuerzas. Quiero terminar invitando a no permanecer mucho rato mirando al suelo. Jesús quiere que levantemos la mirada y le miremos. Cuando nos resistimos Él coge nuestra barbilla y levanta nuestro rostro porque quiere que sepamos que hagamos lo que hagamos somos dignos de su amor, de su misericordia. Feliz domingo y bendiciones.  Para ver las lecturas pincha aquí.