SEMANA VIGÉSIMO NOVENA TO CICLO C DOMINGO

Seguimos en este mes de octubre, mes misionero profundizando en la oración con las lecturas de la Eucaristía. El primer domingo se trataba de ora con FE, con la fe de los niños y con la actitud del siervo que pregunta ¿qué quieres de mí? Y se ns quedaba esta frase “Dios sabe más”. La semana pasada con los diez leprosos y uno que alaba y adora profundizábamos en la Alabanza y adoración, no tano como una forma de orar sino una actitud ante la vida  ante Dios. Esta semana los textos nos hablan de una batalla y un juicio. En los dos casos se quiere subrayar la perseverancia, el orar sin cesar, sin cansarse. Hasta la segunda lecturas empieza por la palabra PERMANECE.

Lo de permanecer tiene sus dificultades. Primero están las personales. No todos somos igual de constantes. Los que teperamentalmente son inconstantes obviamente les cuesta más permanecer en todo. También es algo contracultural. En nuestra cultura de los instantáneo, del usar y tirar, de buscar sensaciones nuevas una y otra vez (diseñado para que seamos más manipulables por cierto)no cuadra lo que está llamado a permanecer, no se entiende y se considera aburrido y hasta poco libre. Y por último la dificultad espiritual. El demonio meridiano, el de la Acedia (en Evangelii gaudium el Papa desarrolla esto muy bien) es el que le dice al monje “no sigas en la celda, sal de ella porque te estás perdiendo muchas cosas”.  La perseverancia es un combate cotidiano por la permanencia que precisa el amor. 

Dios siempre está, es la zarza que arde sin consumirse. En cada sagrario está siempre, esperándonos. Él está permanentemente conectado a nosotros. Es como un teléfono que no deja de sonar. El “ring” suena a “te quiero, te espero”. Y nosotros cuando queremos libremente descolgamos ese teléfono y conectamos con Él. Pero ¿cuánto tiempo y cuan tos días descolgamos ese teléfono? A veces lo dejamos para cuando “tenemos tiempo”. Nos cuesta meter en las rutinas diarias como el comer y el dormir la oración. La necesitamos como el beber agua. La oración personal y diaria no es un lujo sino un artículo de primera necesidad. Santos como Madre Teresa de Calcuta necesitaba dos horas diarias ante el sagrario para poder seguir haciendo lo que hacía. Mi experiencia personal es de fragilidad. Desde hace muchos años necesito quedar con otros para orar. Cuando salí del seminario me di cuenta de que si no lo hacía no oraba. Así en diferentes luagres y épocas he propiciado rezar laudes por la mañana después de mi rato de oración personal. Yo “soy así de flojo” y necesito como Moisés que sostengan mis brazos. Es una idea por si os ayuda. Pronto tendremos lista nuestra capilla de oración por la evangelización que seguro va a ser un medio que nos ayudará a “orar sin desfallecer”.  Feliz domingo y bendiciones.  Para ver las lecturas pincha aquí.