SEMANA SEGUNDA TO CICLO C DOMINGO

Este frío y lluvioso fin de semana llegamos con Jesús a Caná de Galilea. Hay boda y por allí está su madre. Jesús fue enviado al mundo a buscar a la esposa infiel que se había ido del hogar para decirle “puedes volver”. Sabemos que las palabras preciosas de Isaías no son las de un novio enamorado, sino las de un esposo dolido que perdona y dice a la esposa: “no te sientas abandonada sino predilecta”. Esas palabras tienen una fuerza tremenda y las pronunció Isaías al volver del destierro de Babilonia. Jesús es un esposo más loco aún, su amor es nuevo como el vino nuevo porque está dispuesto no solo a perdonar a la esposa infiel sino a dar la vida por ella, a derramar su sangre por su libertad.

María está en esa boda y provoca que “llegue la hora”. Ciertamente que ha llegado la hora de la Misión en nuestra Parroquia. Estamos ilusionados y nerviosos como los novios ante la boda. Todo contrayente siente dentro de sí el vértigo de la incertidumbre. Casarse es cosa de dos. La misión también lo es. Llamas a una puerta y puede salir bien o no. Te pueden abrir la puerta o no. Pueden responderte bien o no. Pueden acoger la invitación o no.  Podemos estar como Jesús “lo dejamos para otro día”. Ha llegado la hora, no podemos esperar más. Es el momento. Y hacemos esta Misión con muchos carismas diferentes. El Espíritu Santo reparte como quiere y a quien quiere sus dones. Cada uno, cada grupo aporta su carisma particular, todo para el bien común, para el proyecto común de la Misión.

María nos dice como aquel día “haced lo que Él os diga”. Jesús nos dice: “llenad las tinajas de agua”. Y nosotros podemos pensar que eso no sirve para nada porque lo que hace falta es vino no agua. Nos puede parecer que el simple hecho de llamar a una puerta y hacer una invitación sirve de poco. Nos puede parecer como el agua. Jesús convierte nuestro pobre y simple testimonio en vino. Él  necesita nuestra agua para hacer el milagro que es tocar el corazón de las personas. Y nos dice “llevádselo al mayordomo”. Es decir, nos os guardéis el agua. Recordamos el  Retiro de Adviento. Vivimos en un oasis unos pocos mientras muchos van por el desierto con sed. Somos cántaros que llevan el agua del Amor de Dios a los sedientos.  La novia quiere estar guapa. Nosotros nos vamos a vestir con lo mejor que tenemos una sonrisa grande en el rostro y una gran ternura en el corazón. Feliz Misión y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.