SEMANA TRIGÉSIMO SEGUNDA TO CICLO B DOMINGO

Esta semana toca el sentido del gusto. Cuando preparé este ciclo centrado en los cinco  sentidos tuve claro que este sería el gusto leyendo la primera lectura. Aquella torta que iba a saber amarga a la viuda de Sarepta le supo a gloria, sabía a pan compartido. El sentido del gusto es uno de los que más nos dominan. Podemos aguantar el ruido, vistas desagradables, hasta el mal olor, pero que poco soportamos lo que no nos “gusta”. La gula es una de las pasiones que luego se llamaron pecados capitales. La pérdida de libertad empieza por ser esclavo del paladar. Por eso el ayuno es tan saludable, nos hace más libres y nos permite saborear el vino bueno de la vida. La palabra gusto tiene muchos sentidos y desde luego al escuchar a Jesús hablar de la petulancia de los fariseos nos sale pensar “que mal gusto”.

En algunos salmos rezamos: “gustad y ved que bueno es el Señor”. Cuando pruebas el amor de Dios descubres lo rico que está. Dios es todo dulzura y me cuesta comprender cómo para algunas personas Dios sabe amargo, desagradable, es porque no lo han probado. Nuestra alma tiene ese sexto sentido que tiene mucho que ver con este probar. La cultura materialista desactiva esta capacidad, la pone en “stand by” pero no acaba con ella. Los niños tienen casi intacta este gusto espiritual y con un poco de ayuda son capaces de gustar a Dios y les sabe muy rico. Cuanto tenemos que aprender de ellos. Yo disfruto mucho con ellos en el oratorio. Estoy haciendo cuatro a la semana y no me pesa, es una gozada verles rezar. Son maestros de espiritualidad.

Para saborear bien decía que es bueno el ayuno. Cuando uno está muy atiborrado todo pierde sabor y nos podemos acostumbrar a lo mediocre, al vino peleón y ya no saboreamos el vino bueno. Los pobres saborean mucho el amor de Dios en forma de providencia. La viuda de la primera lectura (y estoy seguro que la del evangelio también) experimentó la providencia, el cuidado de Dios que da pan a los hambrientos y sostiene al huérfano y la viuda. ¿Has experimentado alguna vez esto? Para que suceda tienes que estar en un aprieto, en estrecheces económicas. Si vives con la seguridad de un funcionario y con un colchón de ahorros no sabes lo que es. Los que han hecho el voto de pobreza, los que viven en comunidad, los que comparten de verdad, la conocen y confían en Dios. Él no nos hace ricos pero cuando nos abandonamos a Él no permite que nuestra orza se vacíe de harina y nuestra alcuza se quede sin aceite. En esto los niños son también maestros de los que tenemos que aprender. Atrévete a ayunar, a saborear de verdad a probar la providencia de Dios. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.