SEMANA TRIGÉSIMA TI CICLO B DOMINGO

En mi parroquia hemos organizado los cinco domingos que quedan hasta el Adviento como “LITURGIA CON LOS CINCO SENTIDOS”. Se nos ocurrió al ver que esta semana la Palabra iba de ver y la siguiente de escuchar. De una forma original vamos a dejar que Jesús sane nuestros cinco sentidos y de camino se desarrolle el sexto que es el espiritual, el que nos permite conectar con Dios. Empezamos por la vista. El jueves hablaba con una Erasmus polaca lo rico que es nuestro idioma. Los múltiples significados de los verbos. Con “ver” sucede así. Encontramos muchas expresiones diferentes. Cuando alguien nos propone algo y decimos “no lo veo”. Cuando hemos metido la pata con alguien y otro nos dice “que poca vista tienes”. Leyendo la primera lectura me he acordado de la expresión “no veo salida por ningún lado”. Así se sentían los desterrados en Babilonia. Al ir iban, como dice el salmo llorando con la semilla. Y ahora vuelve el resto de Israel cantando con la gavilla en sus manos. Vuelven llorando de felicidad. No veían camino de vuelta y el Señor los ha salvado. ¿Qué situaciones hay en nuestra vida en las que no vemos solución? ¿Qué tinieblas o sombras que necesitan la luz de Jesús?

En el texto del Evangelio podemos fijarnos en dos cosas más. En la actitud de Bartimeo. Necesita ayuda y la pide a gritos si hace falta. No le importa mostrarse débil y necesitado de ayuda. Es un ejemplo para todos. Es cierto que hay personas que les gusta que les solucionen los problemas pero eso no significa pedir ayuda de forma sana. Pedir ayuda implica reconocer que “yo no puedo y te necesito” y esto nos cuesta. Cuantos matrimonios fracasan por no ser capaces de pedir ayuda con humildad. Hay hermanos que están dispuestos a rezar por los demás pero cuando les toca a ellos pedir la oración no lo hacen. El ideal de individuo independiente y autosuficiente que se nos ha inoculado nos lleva a pensar que los que piden ayuda son “unos pringados”. Es una gran mentira que nos hace mucho daño. SAL DE TI y grita, pide ayuda.

Y el otro detalle es la actitud de Jesús. Pregunta a Bartimeo qué quiere que haga por él. No da por supuesta la respuesta. Nosotros a veces ayudamos sin preguntar primero. Que delicadeza la de Jesús que sabiéndolo todo no avasalla. Un sacerdote muy entregado a los inmigrantes nos contaba hace unos días que les preguntaron una vez a un grupo cuáles eran sus necesidades más fundamentales. La sorpresa es que no empezaron por lo material sino por ser saludados con cariño, saludarlos por su nombre, escuchar sus problemas… Nos quedamos de piedra los que escuchábamos. No demos por supuestas las necesidades de los demás. AL rezar por alguien solemos preguntar ¿qué quieres que pidamos en la oración? Y hoy Jesús nos hace esa pregunta a cada uno. El sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos como dice Jesús en el Sermón de la  Montaña. Pero nosotros necesitamos verbalizar y expresar lo que queremos de Él. Esta pregunta a mí me cambió la vida. Dediquemos un rato a ella en este domingo. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.