SEMANA VIGÉSIMO OCTAVA TO CICLO B DOMINGO

Ayer un chico me preguntó si lo estaba haciendo bien,  que estaba conociendo a varias chicas que les gustaban, cada una por diferentes motivos. Le dije que podía conocer a varias pero que llegará el momento que tendrá que elegir a una y dejar a las demás. Esa decisión será muy importante y necesitará discernir bien y claro, elegir. Muchos jóvenes hoy no quieren aventurarse a una relación seria porque no quieren elegir, porque tienen miedo a equivocarse o porque no quieren perder y renunciar. Me he acordado de Luis al escribir la homilía de hoy porque este domingo la Palabra es, como dice la segunda lectura, tajante como espada y nos pone “entre la espada y la pared”. En la vida hay que tomar a veces decisiones difíciles que implican uso de sabiduría para elegir bien, para acertar en qué hacer con la vida.

Este hombre que preguntó a Jesús era una buena persona, vivía según los mandamientos y tenía como meta la vida eterna. Casi nada. Pero notaba que le faltaba algo. Tenía mucho dinero y notaba que la abundancia y tenerlo todo no le llenaba. Es la sensación que tenemos los que vivimos en la cultura del bienestar. No es lo que sienten los que tienen como meta alcanzar nuestro estatus y arriesgan la vida y le pagan 2000 € a una mafia para que les ayuden a cruzar el Estrecho. Cuando Jesús le dijo a este hombre que le faltaba seguirlo dejándolo todo como habían hecho Pedro y los demás discípulos, él no fue capaz de dar el paso. Tenía el tesoro delante de él y no lo veía. Si lo hubiera visto claro no habría dudado en dejarlo todo con tal de tener ese tesoro.

A nosotros nos pasa igual. Queremos seguir a Jesús pero sin soltar de la mochila lastre. Muchos peregrinos del Camino de Santiago van dejando por el camino lo que les impide caminar y llegan a Compostela con lo justo y necesario. El seguimiento de Jesús requiere libertad y peso ligero. Hay situaciones, actividades, actitudes que son incompatibles con el seguimiento de Jesús. También podemos hoy analizar cómo Jesús nos da el ciento por uno cuando dejamos algo por Él.  Si miramos bien lo descubriremos. Y por último Jesús amó a ese hombre. Porque lo amaba le planteó esa decisión tan difícil. El padre que ama es el que pone retos exigentes a sus hijos, quiere que sean fuertes, honestos y libres. Yo doy gracias a Jesús que me ama y me pone retos exigentes, Él cree en mí, quiere sacar lo mejor de mí, y confía en mis posibilidades. Feliz día bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.