SEMANA VIGÉSIMO SEXTA TO CICLO B DOMINGO

Cuando hablamos del Espíritu Santo en la Biblia utilizamos este texto de la Primera Lectura como un ejemplo de la presencia del Espíritu Santo en el Pueblo de Israel. Decimos que antes de la Efusión del Espíritu en Pentecostés, el Espíritu Santo se daba sólo a algunos para una misión concreta. Es el caso de Moisés que necesita ayuda en el gobierno del Pueblo y parte de su carisma es compartido con otros setenta. Moisés expresa un deseo que nosotros vemos cumplido: «¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizará!». Ahora todos somos profetas, todos podemos proclamar la Buena Noticia porque en todos se ha derramado el Espíritu Santo. Nos viene muy bien comenzando el Curso Pastoral recordar esto. Todos y cada uno tenemos una misión y todos y cada uno contamos con el poder el Espíritu Santo para realizaría.

Si el Espíritu Santo se ha derramado en todos no podemos hacer partidos, bandos, corralicos. Es verdad que el Espíritu no se manifiesta igual en todos y que hay diferencias legítimas que nos enriquecen. No se trata de uniformar y de actuar con miedo a las diferencias. Nada de eso. Se trata de no ser nectáreos y dejarnos llevar por ese pensamiento que a veces emerge en nuestra mente “ese no es de los nuestros” (así era la traducción antigua del “no viene con nosotros”). Jesús nos invita a sumar en vez de restar. Contamos con todos, miramos con buenos ojos a los que trabajan en el reino con otros estilos, con otros acentos, con otros carismas. El Papa ha hablado del trabajo en común de católicos y luteranos en Estonia, el país con más ateos del mundo. Y lo hizo en un acto con los obispos de las dos Iglesias. No somos enemigos, somos hermanos. En el corazón de Dios no hay parcelas, no hay categorías, no hay puertas. Si miramos a algún hermano como rival, pidamos hoy al Señor una mirada limpia y nueva para sumar. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí