SEMANA VIGÉSIMO TERCERA TO CICLO B DOMINGO

Una de mis lecturas de este verano ha sido un libro sobre los cinco lenguajes del amor. Uno de esos lenguajes son las palabras de afirmación. Cuando amamos a alguien se lo decimos con palabras: te quiero, estoy orgulloso de ti, te amo, eres mi tesoro, eres mi vida… Hay parejas que no se lo dicen, hay padres que no afirman a sus hijos. La falta de palabras de afirmación nos hiere tremendamente. Una palabra de afirmación de un padre  o de una madre consigue que la autoestima de sus hijos crezca y sean capaces de mucho de lo que sin ser afirmados podrían. Si no hemos sido afirmados de pequeños por nuestros padres y maestros, puede que nos cueste de mayores hacerlo. Pero que nos cueste no quiere decir que no podamos hacerlo. Todos con mayor o menor esfuerzo podemos amar con palabras de afirmación a los demás.

Hace dos semanas decíamos a Jesús ¿A quién vamos a ir? sólo tú tienes palabras de vida eterna. Cuando escuchamos una palabra que sale de los labios de Jesús nos sentimos vivos, VIVOS con mayúsculas. Con la vida que no termina con la muerte, la vida que es amor para siempre. Porque como dice la canción de Taizé “Tu Palabra Señor” la Vida vivifica. Una Palabra salida de la boca de Dios es como una palabra de afirmación. Cuando nos dice: “sígueme” sentimos que confía en nosotros y ello nos hace despegar. Cuando nos dice “Tu eres mi hijo” desaparecen miedos y temores. Cuando nos dice “ábrete” somos capaces de desactivar los bloqueos  más fuertes.

Jesús viene hoy a nuestra celebración a meternos los dedos en los oídos y a tocar nuestra lengua para que nos abramos. Nos dice «Effetá». Él es la Palabra de Dios hecha carne, es el Maestro del diálogo. Él puede desbloquearnos afectivamente para que podamos desbloquear a otros. Cuando nosotros estamos sanos creamos a nuestro alrededor espacios de diálogo. Los desiertos se convierten en vergeles. Feliz fin de semana y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.