SEMANA VIGÉSIMO SEGUNDA TO CICLO B DOMINGO

Jesús dirige palabras duras a uno de los grupos del judaísmo de su época: los fariseos. Este era el grupo que ponía el acento en las normas y quería salvaguardar la identidad ética del pueblo de Dios. En un principio había conectado con Jesús pero se desilusionaron al ver que curaba en sábado y por lo tanto no respetaba la Ley de Moisés. Cualquier falta como no lavarse las manos, se convertía en ocasión para descalificar a Jesús y a sus seguidores. La crítica provoca la descalificación de Jesús que sirve de base de lo que nosotros entendemos por fariseísmo y que podíamos resumir en actitud hipócrita.

El domingo pasado la coyuntura era optar por una religión en la carne o en el Espíritu, en la escucha de la Palabra de vida o en la religiosidad natural de los ídolos que no hablan. La disyuntiva que se nos plantea este domingo es entre un cristianismo con alma y un cristianismo de formas. Fijémonos que no se trata de la consabida dicotomía entre ritualismo y compromiso. Esa dicotomía es falsa. El Papa Francisco pone mucho esfuerzo en que la Iglesia no sea una mera ONG que se compromete en la trasformación social y al mismo tiempo nos advierte que no podemos quedarnos en espiritualidades que sean un mero maquillaje de la vida ordinaria. Lo mismo nos habla del clima y del bien del agua (como en la Jornada del Cuidado de la Tierra de este año) que nos instruye sobre el Diablo en la Gaudete et Exultate. La Iglesia pobre y para los pobres no es una Iglesia sin alma que deja de celebrar los sacramentos. La Iglesia que busca el rostro de Dios en la Liturgia no deja de buscar el rostro de Jesús en los pobres. La Iglesia que escucha la Palabra de la vida escucha también el grito de las víctimas del mal. Tan formalista puede ser una liturgia perfectamente celebrada pero sin unción que un programa social de Cáritas perfectamente planteado donde Jesucristo no aparece por ningún lado. El postureo puede vivirse en los dos extremos sin duda.

Después de una semana muy dura por la salida a la luz del juego sucio que se mueve entre los grupos que forman parte de nuestra querida y tan plural realidad eclesial, con dolor y vergüenza renovamos nuestro amor y nuestro empeño por formar parte del Pueblo de Dios. Igual que en España se escuchó: “Nunca mais” cuando la crisis del chapapote del Prestige, gritamos nosotros “nunca mas” una Iglesia que por guardar la imagen olvide a las víctimas y su justicia, nunca más el postureo clerical, nunca más mancharnos las manos con este mundo. Feliz día y bendiciones.  Para ver las lecturas pincha aquí.