SEMANA UNDÉCIMA TO CICLO B DOMINGO

Cuando está empezando la siega de las mieses la Palabra de Dios nos habla del crecimiento de la semilla plantada. La primera de las parábolas nos ayuda comprender que el dinamismo del reino no se debe a nuestro esfuerzo sino al poder del amor de Dios. Eso no quiere decir que nosotros no tengamos ninguna responsabilidad en el crecimiento del Reino. Debemos escapar de los dos extremos que se pueden dar en la vida espiritual y en la vida de la Iglesia. No caer en el escapismo espiritualista que afirma que todo depende de Dios y que nosotros no podemos hacer nada más que dejarle hacer. Y el otro extremo es el inmanentismo social que pone el acento en “lo que tenemos que hacer” y habla mucho de compromiso y de “construir el reino”.  Como decía Mons. Munilla ayer: “Dios pone su casi todo, y nosotros nuestro casi nada”. Pero sin nuestro casi nada el casi todo de Dios no puede hacer nada. Reconocemos que la semilla tiene en sí germinalmente todo lo necesario para llegar a ser espiga, y eso no depende de mí, de nosotros depende que sea sembrada y sea regada como conviene.

Lo segundo que la Palabra nos dice hoy es que el Reino está llamado a crecer. Como el grano de mostaza que está llamado a ser árbol donde puedan anidar muchos pájaros. No sé si todos en la Iglesia tenemos claro que la Iglesia y las comunidades están llamadas a crecer en dimensión y en profundidad. Me da la impresión de que algunos cristianos se contentan y piensan: “estamos bien los que estamos” y dejan que el ardor misionero se enfríe. Son tantos y tantos ¡la mayoría! que aún no conocen el amor de Dios, ¿y nos quedamos tan contentos? No dejemos que nos roben la alegría de ser misioneros, de evangelizar, ni siquiera la complacencia de haber crecido un poco.

Lo tercero que quiero trasmitir hoy es que no podemos dejar de dar gracias. El salmo que rezamos dice “es bueno darte gracias”.  Al contemplar el árbol al final del curso pastoral ¿qué brota en nosotros? A veces nos fijamos sólo en lo que no ha crecido, en lo que no despega, en lo negativo y nos quejamos.  Siempre hay algo que mejorar, claro que sí, pero no nos podemos quedar en ello. Fijémonos en las nuevas ramas, los frutos en las antiguas y las nuevas. Miremos con fe para descubrir los signos del Reino y dejemos que brote la alabanza, la acción de gracias. Estoy seguro que todos si contemplamos nuestra vida y la de nuestras comunidades, descubrimos motivos para dar gracias. Vivamos así el final de curso. Feliz domingo y bendiciones.