SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

No sé si ya he comentado alguna vez que estoy viendo una serie de televisión sobre los vikingos que es muy interesante. Muestra muy bien el mundo pagano nórdico y su choque con el mundo cristiano. Ciertamente que los hombres de muchas culturas han elucubrado sobre la divinidad y todas han llegado casi a las mismas proyecciones e imágenes de dios. El Dios cristiano, el revelado al Pueblo de Israel, el Dios Trinitario no puede ser inventado. Ninguna mente humana puede elucubrar sobre un Dios comunión de amor que se dona hasta compartir su naturaleza con sus criaturas. En la segunda lectura de hoy se expone todo ese plan de amor. Somos hechos hijos adoptivos llamados a ser glorificados. La fe en este Dios revelado se comunica mediante la predicación de la Palabra de Dios con la finalidad de hacer discípulos. Nosotros somos heredado esta fe y tenemos la responsabilidad de trasmitirla a otros. Y no solo la fe sino la experiencia de comunión que es lo que más nos identifica con nuestra verdadera naturaleza: “ser personas para amar”. Esa naturaleza se vive de muchas formas y a muchos niveles. La vida monástica, que hoy recordamos de forma especial, es una de históricas parábolas de la comunión trinitaria. Una experiencia nunca fácil porque frente a nuestra naturaleza de seres para la comunión está siempre la tendencia al individualismo, el acento en las diferencias, las heridas que la vida nos va grabando en el alma. Creemos en la Trinidad Santa y creemos en nuestra vocación al amor, a la comunión. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.