SOLEMNIDAD DE PENTECOTÉS

 

Terminamos la Pascua de este 2018 con Pentecostés. Esa comunidad que hemos ido construyendo durante cincuenta días está terminada en su estructura. Pero le falta lo más importante: el alma. Igual que nuestro cuerpo sin el alma (ánima) esta “desanimado”, la Iglesia es una casa inanimada cuando le falta su alma que es el Espíritu Santo. Hay casas animadas con alma y casas desanimadas sin alma. Lo notamos al entrar. Las primeras son casas acogedoras, llenas de vida y de alegría. Las segundas son casas que despiden, son tristes y oscuras. A  las primeras dan ganas de volver y a las segundas no. Cuando dejamos al Espíritu Santo moverse con libertad en la Iglesia las comunidades son casas habitadas misioneras, alegres y acogedoras. Están animadas. Cuando no sucede esto las comunidades y grupos se convierten en ONG aburridas y tristes. Las comunidades están muertas, parecen vivas pero son zombis que funcionan a base de tradiciones, usos, automatismos y vicios. La vida de cada uno de nosotros puede ser también vida en el Espíritu luminosa o vida mundana gris. Depende de si dejamos que el Espíritu Santo se mueva y encienda su fuego en nosotros. Estamos en Pentecostés y tenemos por delante una oportunidad para dar la bienvenida al Espíritu Santo a nuestra vida y a nuestras comunidades. Para que Él anime cada grupo y cada realidad eclesial. No hay estrategia, dinámica o proyecto pastoral que pueda sustituir la acción imprescindible del Espíritu Santo. Muchas veces yo me encuentro bloqueado, sin fuerzas, sin discernimiento, sin ilusión. Y digo al Señor: “es tu obra, ven Espíritu Santo” y algo comienza a moverse, se abren puertas, reaparece la vida en mi corazón de pastor. No hay comunidad viva si cada uno de sus miembros vive una relación personal con Jesús en el Espíritu Santo. Pregúntate si en la Iglesia eres piedra viva o no. Si te encuentras un poco muerto no te preocupes porque ES PENTECOSTÉS aprovecha la ocasión y empápate. Feliz Pentecostés y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.