SEMANA SEGUNDA PASCUA CICLO B DOMINGO

Después de una Cuaresma bajo el lema “Jesús es la roca que verdaderamente da juego” seguimos con la roca en plena clave pascual. LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS ARQUITECTOS ES AHORA LA PIEDRA ANGULAR”. Queremos construir nuestra vida y la vida de nuestras comunidades parroquia sobre Jesús.  No podemos poner mejor cimiento que este. Ya descubrimos su rostro antes de la cuaresma, ahora dejamos que su Espíritu Santo nos vaya configurando con él, transformando en Él, haciendo una comunidad como dice la primera lectura “con un solo corazón y una sola alma”.

La Pascua es el tiempo de la Iglesia. El Resucitado culmina su obra enviando a hacer discípulos. Puede que nosotros tengamos claro que la Iglesia no es un tinglado inventado por los humanos. Pero es la versión que tienen la mayoría de las personas que con las que nos relacionamos. Han leído muchas más personas el “Código da Vinci” que los Hechos de los Apóstoles. En el Evangelio de hoy vemos claramente como Jesús envía del mismo modo que él fue enviado. La Iglesia existe por voluntad explícita suya. Y todavía podemos profundizar más. Dice la segunda lectura que Jesús viene con sangre y con agua. Esto me recuerda a la imagen de Jesús de la Divina Misericordia. De su pecho salen dos rayos, unos blanco y otro rojo. El resucitado lleva abierto su costado, allí donde Tomás quiere meter la mano. De ese costado en la cruz nace la Iglesia. Los Santos Padres dicen que igual que Adán durmió y de su costado nació Eva, del costado de  Jesús dormido en la cruz nace la Iglesia su esposa. Por tanto la Iglesia no es sólo voluntad fundacional de Jesús, es muchos más, es fruto de la Misericordia de Dios. La Iglesia es un regalo que Dios hace al mundo, porque lo ama. La Iglesia y el cristianismo no es por tanto un cáncer a extirpar de la sociedad como piensan algunos, es un instrumento precioso del amor de Dios.

Y nosotros formamos parte de ella. Somos piedras vivas en la construcción que tiene como cimiento a Jesucristo. Esta Iglesia que mira cada Pascua a los primeros cristianos, porque allí está el ideal primero. Como en todo, en los orígenes encontramos la pureza fundacional. Volvemos a ese ideal y lo colocamos en la meta de lo que Dios ha soñado y quiere para nosotros. Y con el Espíritu Santo que Jesús sopla sobre nosotros, la nueva humanidad, construimos esa Iglesia cada vez más auténtica. Tenemos una Pascua por delante para hacer realidad este sueño de Dios. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.