MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Jesús le dice a María que lo suelte. En otras traducciones leemos “no me toques”. Esto de soltarlo me recuerda a una canción que dice que “no podemos amarrar cosas de Dios”. Tener todo atado y bien atado nos aporta seguridad. Pero la realidad es que podemos amarrar poco en la vida. Ni las personas ni los acontecimientos, solo los objetos. Las personas son libres y los acontecimientos dependen de nosotros en muy poca medida. Y Dios no es un objeto, es una persona y el Señor de la historia. Jesús resucitado vive en otra dimensión y no puede ser sujetado físicamente. Dios nunca puede ser encerrado en las coordenadas espacio temporales, nunca puede ser un dato empírico medible. ¿Cómo pretendemos amarrar a Dios? Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.