SEMANA SEGUNDA CUARESMA

José como Jesús es vendido por sus hermanos que le tienen envidia. Como en el caso de la parábola la cuestión es quedarse con la herencia o tocar a más al ser uno menos. Yo soy miembro de una familia numerosa y después de la crisis de los cuarenta, al cortar el cordón umbilical con mi madre, reconocí que había jugado muchos años a ser el mejor hijo. Nos hacemos daño unos a otros por exceso y por defecto. El pecado no es siempre burdo y evidente. Podemos pensar que el amor de Dios es como el de nuestros padres que a veces se reparte, que tiene que ser igual para todos, que hay que conquistarlo. Nada de eso. El amor de Dios es como el de José que perdonó y salvó a sus hermanos. No termina la historia como dijeron los Fariseos sino: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Seguimos poniendo a Jesús como Roca de nuestra vida. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.