SEMANA SEGUNDA CUARESMA CICLO B DOMINGO

Es asombroso que la Palabra de Dios no se agota ni cae en la rutina. Al leer de nuevo el texto del Génesis en la clave de “escucha “ he descubierto que Abrahán es bendecido no por su obediencia, que es la interpretación clásica de este texto, sino por escuchar. Termina el texto diciendo “porque has escuchado mi voz”. Abrahán es el que escucha y escuchando engendra vida. Si no hubiera escuchado a Dios cuando tenía el cuchillo en la mano habría degollado a Isaac. Cuántas veces hemos metido la pata y nos hemos equivocado por no escuchar a Dios. A veces andamos obcecados y encabezonados en estar en posesión de la verdad. Hasta la obsesión podemos llegar en un error sin dejar que la luz nos convenza. Y de ese error podemos salir si confrontamos esas seguridades, esas ideas, esos proyectos con la Palabra de Dios.

Es lo que hacen muchos cristianos que se reúnen para hacer Lectio divina, o lectura creyente de la Palabra, o revisión de vida. Es confrontar la propia vida con el Evangelio. Y entonces la vida tiene otro color. Tenemos otra visión de las cosas y de los acontecimientos. Sentimos que nuestra vida está edificada sobre roca. Descubrimos que donde otros ven sólo fracaso y sin sentido nosotros vemos la obra de dios y su amor. Esto es lo que Jesús pretendía con la Transfiguración, que Pedro, Santiago y Juan, pudieran mirar a la cruz con una mirada diferente a la del resto. Si bien esto al final no fue así. De los tres sólo uno permaneció al pie de la cruz y supo ver en ella la Gloria del Mesías. Esto mismo me ayuda a mirar mis “fracasos” y falta de fecundidad con la mirada de Jesús que vive una decepción tras otra con sus discípulos.

Lo que en el texto del Génesis es apuntado de forma germinal, aparece en toda su plenitud en la segunda lectura. Dios, que no perdonó a su propio Hijo, no está contra nosotros. Dios no necesita sacrificios humanos. Dios no exige de nosotros sacrificios para darnos a cambio su amor. Dios no compite con nosotros, no tenemos que ganarnos su amor y no puede dejar de amarnos. Cuando el Diablo como un gusano trate de roer nuestro corazón con la tentación “Dios no te quiere” podemos responderle como Jesús en el desierto con la Palabra: “Dios no está contra nosotros”. Esto es lo que celebramos en la Eucaristía, que Dios nos lo ha dado todo con  Jesucristo. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.