SEMANA QUINTA TO CICLO B DOMINGO

Vamos terminando este itinerario previo a la Cuaresma en la que estamos descubriendo el rostro de Jesús. Este Jesús al que buscamos, que nos llama, que enseña y que hoy se presenta como el que viene a sanar. La lectura de Job nos pone en contacto con el sufrimiento de tantos que dan vueltas en la cama confiando que no amanezca. Hay tantos que como Job claman al cielo que su vida sea rescatada. Y esa oración fue escuchada al venir Jesús a sanar y liberar a tantos oprimidos por el mal. Nuestro Dios no es el Dios de los cielos que desde allí con una varita mágica soluciona los problemas. Es el Dios que como dice San Pablo se hace débil con los débiles. Nuestro Dios es el Hijo encarnado y crucificado que ha querido sufrir con nosotros y convertir el sufrimiento en el modo de llegar al fondo de nuestro ser. Por las heridas de la humanidad y de cada persona, Él se cuela en nuestra alma.

La enfermedad no es sólo la física que sufrimos en nuestros órganos. Sufrimos toda una serie de enfermedades espirituales. Las heridas del corazón son todos los acontecimientos de nuestra vida en los que nos hemos sido amados y que van dejando una marca en la memoria y en el subconsciente. Estas heridas producen toda una serie de síntomas. Desde complejos, bloqueos hasta verdaderas patologías psicológicas. Y todos, absolutamente todos estamos heridos. Ninguno de nosotros ha vivido sin dejar de ser amado y bien amado en algún momento. Esas heridas necesitan ser curadas y no se curan sino es con amor. El amor de Dios ha llegado al mundo por medio de Jesús, el amor de Dios no es una idea se hizo presente en el mundo con los gestos, las palabras, las miradas, las curaciones de Jesús.

Y Jesús sigue curando. Lo hace a través de su cuerpo místico que somos todos nosotros. Su amor fluye a través de nosotros, pero no como una energía sino como gestos reales de amor de tantos y tantos que somos instrumentos suyos. En mi Parroquia hay un grupo que los martes se dedican durante una hora a rezar por otros, para que sean sanados. Esto es lo que sana, los actos de amor que realizamos. El tiempo dedicado a los demás, nuestros abrazos, nuestros encuentros fraternos. Lo que nos sana es vivir el amor entre nosotros. No nos sana una relación individualista con Jesús sin los demás. En el Evangelio “llevaban  a los enfermos a Jesús”. Nosotros podemos llevar a otros a Jesús, como la Suegra de Pedro, una vez sanados podemos ponernos a servir, podemos llevar a otros a Jesús. La Eucaristía vivida con unción es todo un hospital de sanación. Las de este fin de semana así lo han sido. Sigamos llevando a muchos a Jesús que sana los corazones destrozados, el único que puede abrazar el alma. Feliz domingo y bendiciones