SEMANA TERCERA TO CICLO B DOMINGO

Jesús llama. Ese es el matiz de Jesús que descubrimos esta semana. Jesús necesita tejer una red de colaboradores que continúen su misión. Bueno, Dios siempre ha necesitado portavoces, profetas que comuniquen su palabra, que llamen en su nombre. En la primera lectura vemos como necesitó de Jonás para que Nínive se salvase. ¿Nos damos cuenta de las cantidad de personas que hay perdidas, sin rumbo, náufragos que no conocen a Jesús? ¿Cómo lo van a conocer? Jesús no los va a llamar por teléfono, ni les va a escribir un whatsapp… Jesús los quiere llamar a través de nosotros. Por eso no llama a ser discípulos, sino a ser discípulos misioneros. Los otros maestros de Israel recibían a alumnos que escogían su escuela para instruirse, para ser expertos en la ley. Jesús en cambio escoge a sus alumnos, pero no quiere alumnos pasivos, receptores de doctrina. Jesús busca discípulos – misioneros, busca pescadores de hombres.

Jesús no llama a estar en la orilla y mirar como otros pescan. Jesús no llama a estar en la tumbona en la playa tomando el sol. Jesús llama a bregar, a echar las redes, a pescar. La Iglesia anda mal porque anda coja, no anda con las dos piernas la de discípulo y la de misionero. Está llena de discípulos sin vocación misionera. Andar a la pata coja es duro y difícil, cansado. La semana pasada nos preguntábamos a cuantos habíamos llevado a Jesús. No sé si esta pregunta os ha martilleado durante estos días. Nos la volvemos a hacer: ¿a cuántos has pescado para la barca de Jesús? En mi parroquia empezamos Alpha el viernes y en las Misas de este fin de semana pregunto: ¿Quiénes hemos invitado a Alpha? Hay muchos que no han invitado. Piensan que eso no va con ellos. Que lo de invitar es cosa del cura y de los que andan más comprometidos. Así estamos, sin pescar, andando a la pata coja, somos discípulos pero no somos misioneros. Anoche en Misa puse el reto de acercarnos en la paz y decirle a alguien que sepamos que no se siente llamado: “tú serás pescador de hombres”. Y ni siquiera en el ambiente de la Eucaristía somos capaces de decirnos estas cosas, de invitarnos, de llamar. ¿Qué nos pasa? Que no nos  hemos encontrado todavía con Jesús del todo y de verdad.

Jonás también huyó de la misión. Se montó en un barco rumbo a Tarsis y después de un naufragio se lo comió un pez. El  pez escupió de nuevo a la orilla de la playa. Como no reaccionemos y empecemos a andar con las dos piernas, la de discípulos y misioneros, nos va a engullir el pez. Jonás llamó y la ciudad se salvó. Si no llamamos muchos, muchos peces se van a perder, muchos náufragos se van a ahogar. ¿No nos duele? ¿No se nos retuerce algo dentro por la responsabilidad? Dejo ahí estas preguntas para que las pensemos y que cada uno responda al Señor hoy. Yo le digo: Aquí estoy¡¡Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.