SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD

Empezamos el Adviento con una afirmación: “El Adviento no es un juego” y la dinámica ha dado mucho juego sin duda. Hemos vigilado le juego, cambiado de estrategia, hemos disfrutado y hemos estado disponibles. Al final nos encontramos con un tablero lleno de fichas que forman palabras y la Palabra que no está en el tablero y que es la más importante es Jesús. Él es la Palabra que existe desde siempre, que brilla en las tinieblas y que se hizo carne. De muchas formas nos ha hablado Dios pero ninguna más rotunda e importante que la Palabra que es su mismo Hijo que sostiene el universo entero con su Palabra.

¿Qué viene a decir este Hijo? La buena noticia de la victoria de Dios. Esa victoria es muy diferente a otras victorias porque en ella no hay vencedores ni vencidos. En un juego siempre los hay pero en el peculiar hacer de Dios no. La Navidad es el tiempo perfecto para los reencuentros y las reconciliaciones. Para que reine la paz verdadera que no permite que nadie se sienta vencido. El verdadero diálogo permite que todos se sientan escuchados y valorados. El que dialoga no impone sino que propone. La Palabra no es sólo una dinámica, una estrategia, es un arma poderosa que bien utilizada sana y libera.

Para ver bien el tablero y las fichas hace falta luz. Sin la luz de la fe, de la relación con Jesús todo se oscurece y se desfigura. Con la luz de la fe todo se ve diferente. Vemos a Dios tal cual es. Nos vemos a nosotros mismos en la realidad de nuestra identidad. Y vemos la vida, las circunstancias y  los acontecimientos con la mirada de Dios. Nos quitamos las gafas oscuras de la “no Fe” para ponernos las de la fe. La Navidad está llena de luz y no las de las bombillitas, ni la del sol que empieza a crecer ya. Podemos dejarnos invadir de esta luz y contagiarla a otros. A tantos otros que ya no saben ni lo que celebramos. Dejemos que la luz venza las tinieblas que siempre hay en nuestra vida. Feliz Navidad y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.