SEMANA CUARTA ADVIENTO DOMINGO

El primer mandamiento dado a la humanidad es “creced y multiplicaos”. Como todas las especies del planeta llevamos en nuestros genes el impulso de la vida, esa necesidad de reproducirnos para que la especie se perpetúe y siga la vida humana. En la cultura semítica la descendencia era una bendición y la maternidad la vocación más alta de una mujer. La cultura en la que vivimos es nihilista también en esto. Seguimos descubriendo hitos de la ingeniería social, él último los vientres de alquiler. Al feminismo radical le fastidia mucho, muchísimo la maternidad porque es una de las diferencias entre varón y mujer que no se puede “solucionar”. No pueden digerir que seamos iguales en dignidad pero radicalmente diferentes  y complementarios como en esto. En tiempos de Jesús las niñas de Israel soñaban con ser la madre del Mesías y precisamente fue escogida la más disponible, la que no tenía planes propios, la Virgen, la mujer sola en un mundo de varones.

En la concepción de Jesús se cumple la promesa hecha a David. El rey estaba preocupado por construir un templo (una casa) al Arca de la Alianza que estaba en una tienda de lona. Le fue prometido tener una “casa” una dinastía sin final. Jesús es el Hijo de David, el Mesías esperado y elegido que reina para siempre. Para siempre se oye cantar un cántico a la misericordia de Dios en el Reino de la Gloria. Y también nosotros formamos parte de ese linaje, porque somos hijos e hijas de Dios y herederos de su Reino. David preocupado por construir una casa a Dios, y cuando Dios se decide a venir a nuestro mundo lo hace plantando su tienda en medio de nosotros. Compartiendo nuestra vida, la vida de los últimos y los pobres. Cuando llamamos a un hotel a pedir habitación nos dicen: “no tenemos habitaciones disponibles”. Hoy estaría José y María buscando posada y ninguna estaba disponible. ¿Tenemos habitaciones disponibles? ¿Podemos ofrecerle un verdadero hogar? Hogar no es una casa. Hay quien vive en casa pero no es un hogar, no hay luz, calor, diálogo, amor. Podemos estar disponibles para que nuestras casas sean verdaderos hogares recibiendo a Jesús. Vivamos con esta disponibilidad estas fiestas. El Señor está cerca. Feliz nochebuena. Para ver las lecturas pincha aquí.