SEMANA SEGUNDA ADVIENTO CICLO B DOMINGO

Siguiendo con el juego ¿cómo nos va? El Adviento es un tiempo estupendo porque pone las emociones y los sentimientos a flor de piel y nos ayuda mucho a ver cómo va nuestro juego. Yo me emociono hasta con el anuncio del Almendro. Me refiero a cómo van nuestras relaciones. Ayer estuve todo el día haciendo un Belén, sólo salí de casa para la Misa de la tarde. Rcuerdo que de pequeño, cuando me sentía aislado me refugiaba en las manualidades. Tenía “ataques de creatividad”. Ahora no me estoy refugiando, estoy haciendo algo que desde hace dos años he querido hacer y no he podido. Pero como digo, este tiempo es estupendo para ver cómo está nuestro juego ¿Vamos ganando o vamos perdiendo? Nuestras relaciones ¿ganan en calidad e intensidad? (la cantidad no es importante).

Hecho el análisis seguro que percibimos que hay algo que no funciona bien del todo o directamente mal. Entonces hay que pasar a un cambio de estrategia. La liturgia de este domingo es una invitación a preparar un camino, a enderezarlo. Quizá hay que llamar más, dejar el Whatsapp, pasar del pobrecito yo y el victimismo, pedir perdón, ceder y hablar…. Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, pero para que lleguen esta tierra y este cielo tienen que desaparecer. El paraíso no está aquí, pero podemos transformar este mundo en la espera de que llegará. Nadie puede darnos el cielo, no existe la relación perfecta, pero podemos cambiar la estrategia que destruye por una que construye. La estrategia del silencio (de no poner fichas) la de la incomunicación (palabras que no conectan) por el diálogo (las palabras que se cruzan).

Y esta conversión, este cambio de estrategia, empieza por una decisión nuestra pero nosotros no somos capaces de llevarla a cabo. La conversión de Juan el Bautista era voluntarista. Dependía del afán y tesón de cada uno. Él sólo bautizaba con agua. Pero viene detrás de él el  que puede más, el que bautiza con Espíritu Santo. Es Jesús que nos da su Espíritu Santo el que hace posible esa conversión, ese cambio. María no podía concebir virginalmente, ella toma la decisión de acoger el plan, pero es el Espíritu Santo el que la hace fecunda. Este es el cumplimiento de ese “Dios llega con poder”. Llega con el poder de su amor. Por eso este domingo le decimos: “Muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación”. Muestra Señor el poder de tu misericordia, de tu amor en nuestra vida y en nuestro mundo. Muestra Señor el poder que transforma, ven Señor, ven a salvarnos. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.