SOLEMNIDAD DE CRISTO REY CICLO A

Terminamos el ciclo A con esta solemnidad. Este año toca el Evangelio de San Mateo capítulo 25 el pastor que separa ovejas de cabras. La realidad del juicio es una verdad de fe y no me voy a detener en ella ni en los pobres que ya celebramos la semana pasada la Jornada Mundial. Creo que es una oportunidad para que crezcamos en nuestra relación con Jesús el Rey. La imagen que brilla en este domingo es la del pastor. El profeta Ezequiel profetiza que el mismo Dios pastoreará a su pueblo. Y hemos rezado de nuevo el precioso salmo 22. El evangelio nos da pie para preguntarnos si somos dóciles como ovejas o cabras locas. Ciertamente la cultura en que vivimos no ayuda a la docilidad ni a dejarse guiar. El individualismo y la autosuficiencia nos llevan a formular el mantra: “mi vida es mía y hago con ella lo que quiero”.  Jesús quiere ser nuestro pastor pero no a la fuerza sino con libertad. Quiere que nos “sometamos” a Él libremente.

Pero hay un problema más profundo  que viene de lejos, del origen. En la segunda lectura San Pablo habla de Adán. Por él vino la muerte, por Cristo la vida. En el origen los hombres rompieron la amistad con Dios como fruto de la desconfianza que sembró el maligno. “No moriréis… seréis como dioses”. Este es el problema que arrastra la humanidad desde el origen, la herida de la desconfianza hacia el Creador. Esa desconfianza impregna todas nuestras relaciones y nos afecta seriamente, no nos permite amar del todo. Ante la humanidad perdida Dios no se cruzó de brazos sino que envió a su Hijo para buscarnos y curarnos. Como el pastor busca y sana a la oveja perdida. En la cruz Jesús nos muestra el infinito amor de Dios para sanar esa herida. Por él todos vendrán a la vida. Hoy tenemos la oportunidad de rendirnos a Jesús y dejar de luchar y de regatear su amor. De dejarnos caer en sus brazos y confiar en Él. En esta fiesta rindámonos a nuestro Rey y digámosle: “Jesús confío en ti”. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.