SEMANA TRIGÉSIMO TERCERA TO CICLO A DOMINGO

Esta semana estamos todos sensibilizados por la Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco. En mi parroquia nos ha cogido de Fin de Semana ALpha y no le hemos podido dar la relevancia que se merecía. Al pensar en la pobreza no puedo dejar de recordar mi experiencia en Bolivia hace cinco años. Tengo contacto con realidades de pobreza en lo cotidiano pero no se puede comparar a aquello. Cuando conoces in situ la diferencia de oportunidades tan brutal que hay entre una zona del planeta y otra no te quedas igual. La semana pasada fue de comprar y como sucede desde entonces, me planteo muchas cosas. Me ofrecieron una chaquetón de marca que costaba 800 euros¡¡ La nómina de una trabajador¡¡ si ese artículo estaba allí es porque hay personas que pueden permitírselo. No se trata de la capacidad de cada uno que dice la parábola del evangelio. Se trata de que una jornada de trabajo de un boliviano cogiendo fresilla no se paga igual que la de un trabajador cualificado español (por no poner ejemplos de profesiones). Se trata de que estamos instalados en un sistema diabólico en el que no todos tenemos las mismas oportunidades. Nosotros vivimos en la parte del planeta que tiene muchas oportunidades y podemos estar enterrándolas en la tierra. O podemos estar aprovechando esas oportunidades de forma egoísta. Está muy de moda el emprendimiento, el triunfar en los negocios que ciertamente tiene repercusión en los demás al crear riqueza y puestos de trabajo, pero que sin responsabilidad social, no es más que seguir contribuyendo al mismo sistema de inequidad. Reconozco que en la vida se me han dado muchas oportunidades, muchos talentos. He aprovechado muchos y otros no. Quiero vivir aprovechando cada oportunidad para ser feliz, es decir para hacer feliz a otros. Quiero ser hijo de la luz y no de las tinieblas. Quiero ofrecer a muchos oportunidades en su vida para que puedan ser aquello “para lo que han nacido” Quiero contribuir a que no se robe a los niños y los jóvenes la oportunidad de llegar a ser en la vida su máxima realización personal en el amor. Ciertamente que Dios nos ajustará las cuentas como dice la parábola pero este Dios es también el de las mil oportunidades, el que no da a nadie por perdido. Me uno a ese latido de su corazón que tan bien acompasa con el del Papa Francisco y realizo hoy un gesto de encuentro con los pobres. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.