SEMANA TRIGÉSIMA PRIMERA TO CICLO A DOMINGO

Ayer escuchaba una entrevista a Lary León, trabaja en Atresmedia y no tiene los brazos completos y lleva una pierna ortopédica. Creció con una fantasía de pensar que era una sirena. Pensé que hoy tenía que hablar de ella en la homilía. La Palabra nos habla de sentirnos superiores a los demás. En concreto del sentirse superiores, casta en el ámbito religioso. Pero como no me puedo quedar en aplicarme la Palabra hoy, creo que podemos sacarle buen jugo para todos. La semana pasada hablamos de la autoestima. Es la raíz de muchos problemas y también de la más grave enfermedad espiritual: la vanidad. Jesús habla de esta actitud de ponerse por encima de los demás. Como decía el domingo pasado nos ponemos vanidosos cuando no nos queremos. No soportamos nuestra pequeñez y hacemos todo lo que podemos para sobresalir. Como decía ayer una niña, hasta gozar siendo envidiados.

Detrás de todo esto está el compararnos con los demás. Todos nos comparamos y es algo muy humano, y no es un problema si es para inspirarnos. Todos necesitamos referentes que nos ayuden a superarnos. Esa es la envidia sana y  la competitividad que ayuda. Pero en otras ocasiones nos compararnos para machacarnos, para sentirnos menos que. Cuanto hiere que los padres o los educadores comparen a los niños. Lary dice: “vine a este mundo para demostrar que las etiquetas y el estándar no sirven para nada, todos somos normales, todos somos diferentes y en esto está la riqueza”.  Ella dice que no ha superado nada porque ella es así, vino al mundo con esas herramientas y las pone a funcionar. Lary vive lo que yo quiero subrayar: que cada uno de nosotros somos únicos, no hay nadie como tú y como yo en el universo.

Podemos experimentar que somos únicos en nuestra relación con Dios. Se nos dice hoy que todos tenemos un solo Padre, y por lo tanto somos hijos, todos hijos iguales. Pero ya sabemos que dios no nos fabrica en serie, cada uno somos una obra de arte suya y en cada uno ha puesto algo especial. Por eso no cabe compararnos. San Pablo nos anima a tratarnos con la delicadeza de una madre. Que hagamos sentir a cada persona que es única, como cada hijo es único para los padres. Que todos tenemos talentos y capacidades para dar mucho fruto en la vida. Hoy podemos acurrucarnos en los brazos del Padre y descansar de nuestras ambiciones, vanidades, comparaciones y sentirnos menos que los demás. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.