SEMANA TRIGÉSIMA TO CICLO A DOMINGO

Este año no voy a hacer la típica homilía del amor a Dios y al prójimo, del equilibrio entre estas dos dimensiones del amor… sino que me voy a centrar en el amor a uno mismo. Dice el mandamiento “amar al prójimo como a ti mismo”. Y la experiencia que tenemos es que a veces se nos hace imposible amar a los demás y no a personas poco “amables” sino incluso a algunas estupendas. ¿no os habéis preguntado alguna vez por qué esta persona me cae tan gorda? La raíz y la causa está en nosotros mismos, en el amor y la estima que nos tenemos. En lo que denominamos AUTOESTIMA. El otro día me decía un padre de familia que era tremendamente vanidoso y que por otro lado reconocía que se auto despreciaba mucho. Había construido un falso yo de vanidad para enmascarar su baja autoestima.

Es una tarea de toda la vida cultivar una sana autoestima. Digo sana porque en nuestra cultura individualista que ensalza la soltería se están dando aberraciones como el “solonomio”. Las personas que se casan con ellas mismas, con su ceremonia, banquete, regalos…. Puede parecer increíble pero es una tendencia. Mirad en internet y veréis. Es el extremo de la “vida para uno mismo”. El otro extremo es la falsa humildad del “yo no valgo nada…”. Los padres y educadores tenemos la responsabilidad de ayudar a los niños y adolescentes a poner las bases de una sana autoestima. Huyendo de los extremos del machaque “eres un desastre” y de inflar el ego “mi hijo sabe tanto inglés que le corrige a la profesora”. San Pablo cuidaba la autoestima comunitaria de las Iglesias a las que servía. Vemos en el fragmento de hoy un ejemplo de ello. Alaba la fe de los tesaloniceneses que llegó a ser un modelo para los demás. Para crecer en autoestima hay mucha literatura de autoayuda y buenos profesionales, pero lo que más ayuda y sana es construir relaciones sanas. Una buena comunidad ayuda un montón.

Y lo que más ayuda es tener una relación profunda y auténtica con Dios. En esa relación descubres lo que vales. Vales tanto que el Hijo de Dios ha dado su vida por ti. Vales tanto que el Padre ha entregado a su Hijo único para que tú tengas vida eterna. Cuando empiezas el día “a sus pies” tienes el chute de autoestima necesario para que lo que te digan los demás, te suceda en el trabajo o en casa, no te haga perder de vista que “vales la sangre de Jesucristo”. Cuánto bien nos hace tener una relación con Dios, no lo saben los que no la tienen. Por eso estamos tan empeñados en que todos le conozcan y le amen, porque es la mejor manera de poder amarnos a nosotros mismos. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.