SEMANA VIGÉSIMO TERCERA TO CICLO A DOMINGO

Me encanta la Palabra de San Pablo. Una vez le escuché a un matrimonio cristiano que ellos no se hipotecaban porque San Pablo decía que no debiésemos nada más que amor. Yo no tengo hipoteca no tengo casa propia y creo que mucho tiene que cambiar mi cabeza para que yo viva el resto de mi vida pagando deudas económicas. De amor tengo muchas y algunas impagables. He recibido ya mucho pero que mucho amor que nunca podré devolver. Y también yo estoy dando mucho amor que seguro nunca me será devuelto del todo.  Y sobre todo el amor de Jesús que nunca, nunca podré devolver, siempre estaré en deuda con Él. Así es la vida, no podemos vivir sin deudas de amor.

El Evangelio de este domingo sólo puede ser entendido en el contexto de relaciones de amor, de relaciones fraternas. No se puede aplicar la corrección fraterna en el ámbito laboral donde hay un elemento de competitividad y de dependencia de superior que lo desfiguran todo. La corrección se hace cuando se quiere de verdad a la persona que se está equivocando. Se hace para ayudar, no para humillar y agobiar.

Muchos ponen la excusa de que se puede molestar. Lo escucho en el tribunal cuando un testigo te dice que durante el noviazgo “ya se veía que la trataba mal”. Si les preguntas al testigo si se lo dijo, suelen responder: “no me quería meter en la relación y temía su reacción”. Esa amiga o amigo quería poco a esa persona. La otra excusa es: “no va a servir de nada”. La reacción de la otra persona no depende de nosotros. Nuestra parte es tratar de ayudarla, si este hermano no quiere ser ayudado, ese es su problema, es la parte que sólo puede hacer él. Hay grupos en los que antes de hacer una corrección se pregunta a un responsable para objetivar y ver que el asunto es tan grave como parece y estudiar la manera de hacer la corrección.

Pensemos este domingo en las veces en que hemos sido corregidos. ¿Fue con amor? ¿Cómo reaccionamos? Pensemos también en las veces en que hemos corregido ¿Cómo los hemos vivido? Yo estoy muy agradecido a las personas que me han ayudado tantas veces con sus correcciones cariñosas ¿Hemos dejado de ayudar a alguien por no complicarnos la vida? Y las veces en que Dios mismo nos ha corregido. Lo ordinario es que lo haga a través de la corrección fraterna poniendo en el corazón de un hermano que necesitas ayuda. Pero a veces lo hace de modo extraordinario en la oración personal, cuando alguien reza por nosotros, con un acontecimiento con detalles sorprendentes. Yo recibí una vez una llamada de una persona que no me conocía de nada y me dijo de parte de Dios una palabra que era una corrección cariñosa.  A Dios le dolemos cada uno de nosotros mucho y cuando nos ve ofuscados y empeñados en el error y el mal, utiliza medios ordinarios y extraordinarios para que nos corrijamos. Pues vivamos así también nosotros, tratando de no acumular mucha deuda de amor por falta de corrección a los hermanos. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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