JUEVES SANTO

Hoy he predicado sobre el amor. Un problema de crisis matrimonial que me toca muy de cerca me tiene muy sensible y no paro de reflexionar sobre la verdad del amor  que tan devaluado se encuentra. He cogido el capítulo cuarto de Amoris Laetitia y lo he ido degranando. Es un capítulo precioso sobre el himno de la Caridad de Primera Corintios.  Lo he preparado con jóvenes y adolescentes para que ellos pusieran un ejemplo de cada uno de los trece aspectos del amor. Que calidad y profundidad tiene el amor cristiano. Este amor que nos muestra Jesús en el Misterio Pascual, del que es el Maestro más sublime y del que nosotros siempre somos discípulos, siempre estamos aprendiendo. Al ir preparándolo y predicándolo me doy cuenta de lo que he alcanzado y de lo que me queda por recorrer. Aún me cuesta alegrarme siempre de los triunfos y logros de los demás. No termino de compararme. No tengo esa mirada sobrenatural que cuando no hay esperanza humana piensa que en el cielo esa persona será libre de sus patologías y problemas. Me sigue faltando paciencia cuando alguien, sobre todos los pobres me estropean mi estupendos planes. Pero también he ganado en una amor que lo supera todo, fuerte y luchador, en el amor que lo disculpa todo porque los demás son personas heridas como yo, en el amor, en una gratuidad más incondicional, estoy aprendiendo a gestionar mejor mi ira y sigo perdonándome a mí mismo para poder perdonar a los demás. Como cada Jueves Santo al lavar los pies, en este caso a los chicos, me he emocionado porque mi vida es una historia de amor, configurado con Jesús sacerdote y siervo de sus hermanos. Me sigo sorprendiendo de la grandeza del ministerio que se me ha confiado, el de construir el Cuerpo de Cristo mediante la Eucaristía y la predicación del Evangelio. Ante el sagrario me siento muy unido a tantos hermanos sacerdotes y a tantos laicos con los que he compartido la fe a lo largo de estos años. No estoy cansado, ni mucho menos, estoy mejor que cuando me ordené. La Misericordia de Dios ha hecho posible que esté viviendo una etapa preciosa de mi sacerdocio llena de fecundidad apostólica. Renové el Martes Santo mis promesas ante el Obispo las renuevo ahora ante el Sagrario y le digo a mi Esposa la Iglesia que sigo queriendo vivir para ella y sólo para ella. Para ver las lecturas pincha aquí.

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