SEMANA CUARTA CUARESMA CICLO A DOMINGO

Jesús es la luz del mundo. En este cuarto domingo de cuaresma, domingo de la luz y de la alegría recordamos que en el bautismo recibimos la luz de la fe. Esa luz no es la luz de los ilustrados que venía a iluminar las mentes oscurecidas por las tinieblas de religiosidad medieval. La fe no es una idea luminosa, un sistema filosófico, sino una relación personal.  Como dice el Prefacio de hoy somos el Pueblo que camina en tinieblas. Y creer en Jesús es caminar en medio de las tinieblas cogidos de su mano, confiando en Él. Si nos soltamos nos perdemos en la oscuridad. Tener una relación con Jesús nos da la posibilidad de ver la vida de otra manera, de poder caminar con luz, sin perdernos. ¡Qué alegría! Alegrémonos porque Jesús es nuestra luz. Alegría y responsabilidad de que esa relación no se rompa, de que perseveremos en ella. Para ver las lecturas pincha aquí.

 

En mi parroquia ayer hacíamos un simpático fotocall invitando a posar con unas gafas con forma de corazones. La idea es “mirar con corazón”. Como decía el principito lo esencial es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón. Mirar con el corazón es mirar como mira Dios. En la primera lectura Dios le dice a Samuel que él no se fija en las apariencias, Él mira al corazón. La mirada de Dios no es superficial, no se queda en las formas, el exterior, el físico. Él llega al alma, o dicho de otra manera al corazón. Él puede ver ese yo profundo y real que a veces está escondido por el “falso yo”. ¿Y qué ve Dios cuando mira al corazón de sus hijos? Ve hombres y mujeres de barro, vulnerables y heridos. Desde pequeños hemos ido sufriendo episodios de no-amor que nos han herido. Esa miseria nuestra enternece a Dios y lo mueve a compasión.

 

Si fuéramos capaces de amar así cuanto cambiaría nuestra vida, nuestras relaciones. ¿Has probado a mirar así? A veces no miramos así porque no queremos reconocer nuestras propias heridas y vulnerabilidad. Ese al que me cuesta amar y perdonar es del mismo barro que yo y está, como yo, herido. Podemos mirar a los demás con la misma soberbia que los fariseos miraban al ciego del evangelio “empecatado… ¿nos vas a dar lecciones a nosotros? ¿Podemos imaginar lo que aquel hombre sentía, como vivía una vida pidiendo limosna? Cuantas lecciones podemos recibir de los demás, de los que reclaman nuestro consuelo. En mi oración hoy derramo lágrimas por mi ceguera al mirar a los demás y le pido a Jesús que me cure de mi ceguera para saber mirar con el corazón.  Feliz domingo y bendiciones.

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