SEMANA TERCERA TO CICLO A DOMINGO

La liturgia de este segundo domingo es un eco del bautismo del Señor. El domingo pasado vimos a Jesús presentado por el Padre para su misión. Que él no venía por su cuenta sino enviado para pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el, diablo. Y nos preguntábamos al comenzar un trimestre cuál es nuestra misión. Yo decía que Jesús, después del bautismo se fue al desierto a discernir sobre esa misión que empezaba. Las lecturas de hoy nos presentan el modelo de mesianismo que Jesús comprendió tenía que desempeñar.

Jesús es el siervo. El profeta Isaías hablaba de un Mesías que no sería un guerrero, ni un líder político sino un hombre de Dios que a través del sufrimiento y cargando con los pecados salva a su pueblo. Este siervo a través de sus heridas cura. Jesús se identifica con ese estilo de liderazgo.

Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Los judíos sacrificaban un cordero para pedir el perdón de sus pecados. Transferían al animal sus pecados y este pagaba las consecuencias de su pecado. Los primeros cristianos interpretaron la muerte de Jesús en la cruz desde esta perspectiva.

Jesús es aquel sobre quién ha bajado el Espíritu Santo. En Jesús se inaugura una nueva forma de relación con Dios. Una relación en ESPÍRITU y en verdad. La relación no se fundamenta en ir a un lugar, hacer determinados ritos, saber ciertas verdades, es una relación desde dentro de nosotros, desde su presencia en nosotros y desde la realidad de nuestro sufrimiento.

Y nosotros ¿quiénes somos? Somos los consagrados por Cristo Jesús, los santos que él llamó y que en cualquier lugar invocamos el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. Porque sobre nosotros también ha bajado el Espíritu De Dios para reunir a los hijos De Dios dispersos por todo el mundo. Dice Isaías que su Misión llega hasta el confín de la Tierra. Esta semana hemos visto o escuchado sobre la película Silencio. Es alucinante que en el siglo XVII después de ni cien años en Japón hubiera 300.000 cristianos. ¿Qué ilusión y que celo llevaba  aquellos cristianos a ser misioneros de ese modo? Pues el Espíritu Santo que había bajado sobre ellos.  Contemplando a Jesús el Siervo, el Cordero, seguimos profundizando en la llamada y la misión que tenemos: mostrar al Cordero de Dios a todos. Precisamente en este domingo Jornada de la Migraciones que quiere que nos fijemos en los niños, las víctimas más vulnerables de nuestro sistema. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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