BAUTISMO DEL SEÑOR

Jesús no necesitaba bautizarse, no era un pecador y además ese rito en ese contexto ayudaba a esperarlo a él. Pero él quiso parecerse en todo a nosotros así expresaba que su ministerio iba a servir para que se cumpliese toda justica, es decir, para cumplir el plan de Dios. Jesús se bautiza para inaugurar así su misión. Aquí termina su vida oculta, esa asombrosa experiencia para el Hijo de Dios hecho carne de pasar durante la mayor parte de su existencia como uno de tantos. Pero ha llegado el momento y en el pistoletazo de salida, de manifestarse a los hombres, no está sólo. Con él Hijo están el Espíritu Santo y el Padre. Porque ninguna de las tres personas actúa pos su cuenta, son un equipo. Jesús escuchó las palabras del Salmo segundo que se proclamaba en la unción real “tú eres mi hijo”. Esas palabras las pronuncia el Padre y seguirán resonando en su interior siempre, y no hay unción con aceite pero sí con el mismo Espíritu Santo que lo capacita para la misión. San Pablo habla en la segunda lectura de esta unción espiritual.

Jesús no está sólo porque ha sido enviado. No decide él sólo sino que se ajusta al plan establecido. De aquí se irá al desierto a prepararse y discernir bien cómo iba a desempeñar esa Misión. Ya se nos dan algunos detalles en los textos de hoy. La forma de paloma del Espíritu Santo y el salmo que hemos cantado “El Señor bendice a su pueblo con la paz”, nos hablan de que Jesús no viene con armas a hacer la guerra. Vienes como Príncipe de la Paz, a poner en paz a los hombres entre sí y a la humanidad con Dios. Y dice la segunda lectura que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Y en la primera lectura habla de abrir los ojos al ciego y sacar a los cautivos de la prisión. De no quebrar la caña cascada, no apagar el pábilo vacilante, es decir contar con lo pequeño, con lo que parece que no vale, que no sirve.

Nosotros también tenemos una misión. Porque somos discípulos misioneros. No sólo somos seguidores de Jesús sino que también, enviados, misioneros. Al comenzar este trimestre pastoral o este año civil. Es buen momento para plantearnos cuál es la misión que tenemos cada uno. Si recordáis el cuarto domingo de Adviento le dijimos a Dios que podía contar con nosotros para que su sueño fuera hecho realidad. Ahora, terminada la Navidad nos ponemos en marcha y con el poder del Espíritu Santo le decimos al Señor, heme aquí, envíame a mí. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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