SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Una amiga que pasaba por una mala racha en su matrimonio me decía una vez que le asaltaba este pensamiento: no sé si yo me hubiera casado con este hombre de haber sabido como es. Yo le invité a responder a esa tentación y a esa mentira con una verdad. Y ella, me respondió: “Este es el hombre que Dios tenía preparado para mí”. Esa es la gran verdad sobre la que su sustenta su matrimonio. Nuestra vida se construye sobre grandes verdades que tenemos que recordar cuando el tentador siembra pensamientos tóxicos y mentiras.  La Fiesta que celebramos hoy nos ayuda a recordar la gran verdad sobre la que se sustenta nuestra relación con Dios, nuestra fe. Esa gran verdad es la Gracia de Dios.

El ángel llama así a María: “llena de gracia”. Y sobre esas palabras (y las de la mujer que pisa a la serpiente) se sustenta el dogma del misterio que celebramos: María desde el instante de su concepción es ya llena de Gracia. Antes que ella pudiese hacer u ofrecer algo, ya estaba colmada del amor de Dios. Eso es la gracia, el amor de Dios siempre primero, siempre regalo, siempre gratis e incondicional. La Gracia no es fácil de comprender. Un joven que lleva un proceso de conversión desde hace meses, al ser invitado a dar el paso de confesarse me decía: “yo no me merezco el perdón de Dios”. ¡Exactamente! No se lo merece pero no por eso va a dejar Dios de perdonarle. San Pablo que era judío y por lo tanto entendía su relación con Dios desde el Antiguo Testamento (si soy bueno y fiel Dios lo será conmigo), no podía creer que Jesús lo perdonara, pero así fue. Y no se cansaba de predicar sobre la gracia. Hoy hemos escuchado el himno de la Carta a los Efesios donde alaba a Dios porque antes de que existiéramos ya nos amaba y nos había elegido para ser sus hijos.

En la vida hay momentos de gracia especial, como cuando María fue elegida, cuando San Pablo se encontró con Jesús, cuando esta amiga se casó. Esos momentos a los que hay que volver y recordar para no ceder a la desesperación. Pero también nos hace falta una experiencia continua y cotidiana de la gracia para que la rutina, el cansancio, no nos roben la frescura de vivir una relación con Dios desde la gratuidad.  La Eucaristía de cada domingo nos ayuda a mantener el amor primero, pero no nos basta un ritmo semanal, necesitamos una experiencia diaria y perseverante como el beso, la mirada, la caricia que cada día se regalan los esposos. María, la llena de gracia desde su concepción, nos ayude a vivir día a día una experiencia de la Gracia, la gran Verdad sobre la que se sustenta nuestra vida.  Feliz día de la Inmaculada y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.