SEMANA TRIGÉSIMO TERCERA TO CICLO C DOMINGO

Los primeros cristianos vivían con tanto ardor el deseo de la vuelta del Señor que algunos, pensando en que era algo inminente, ni siquiera sembraban en otoño. ¿Para qué sembrar si no vamos a recoger la cosecha? Y por eso estaban entretenidos en no hacer nada. El Evangelio de San Lucas, que se escribió después de la Carta a los Tesalonicenses recoge esa afirmación de Jesús para poner solución a estos gandules espirituales: “el final no será enseguida”. Vivimos en la cultura de lo inmediato. Si el móvil funciona una milésima de segundo más despacio nos desesperamos. Nos cuesta mucho esperar en el semáforo y hacer cola en la farmacia. Pero el ritmo de la naturaleza no es así. No es humano este ritmo y enfermamos. Andamos estresados e incapaces de perseverar. Y es que el amor, que es lo que le da sentido a la vida requiere perseverancia. Las relaciones líquidas nos hieren y nos hacen sufrir. La fidelidad de Dios nos sana  y nos hace capaces de perseverar. La salvación consiste en perseverar en nuestra relación con Dios. Es cierto que le fallamos muchas veces y que él no se cansa de perdonarnos. Pero una cosa es que pequemos y otra que le traicionemos y no demos la cara por él. La perseverancia que se nos pide hoy tiene como modelo la de los cristianos de Siria que se juegan la vida por Él.  Los que se creen que ni un cabello de sus cabezas perecerá. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.