SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO CICLO A

La primera lectura de este día, en este ciclo habla de la prueba del desierto y del pan con que Dios alimentaba a su pueblo. Ciertamente la cuarentena a puesto a descubierto muchos sentimientos y si de verdad vivimos sólo de pan. Para unos no  ha sido tan importante por o que se ha puesto de manifiesto que la Eucaristía no es un alimento de primera necesidad, en cabio para oros ha sido una prueba difícil. El otro día un hermano se emocionaba recordando lo duro que fue tantas semanas sin comulgar. Yo personalmente no he dejado de comulgar pero si de celebrar la Santa Misa con pueblo.  Un hermana me decía que la comunidad era alimento para mí. 

Ayer tuvimos el primer bautizo después de la cuarentena. Y como quería hablar de la Eucaristía como alimento estuve relacionándolo con tomar el pecho (que además sucedió durante la celebración). La Eucaristía es para nosotros tan vital como para una bebé la leche materna. Ese vínculo tan especial que se produce entre madre e hijo es el que se da cuento comulgamos. Dice Jesús que Él habita en nosotros y nosotros en él. El bebé es destetado después y cuando se hace mayor, persona preparada para amar, deja la casa y a los padres y vuela. Nosotros no somos nunca destetados, necesitamos siempre estar en casa y mamar de las ubres divinas abundantes. Para la mayoría de los católicos de nuestro país le Eucaristía es una cosa de niños. Recuerdan su Primera Comunión y les parece que ya son mayorcitos para esto… – de los que son como los niños es el Reino…- 

Por último la Palabra de hoy en la segunda lectura nos dice que todos los que comemos del mismo pan formamos un solo cuerpo. El comer juntos une. Este fin de semana nos estamos encontrando amigos y familias de toda Andalucía y estamos comiendo juntos. Celebrando la comunión que hay entre nosotros. La Eucaristía nos une a Dios y nos une íntimamente entre nosotros. No somos conscientes de lo que sucede y de cómo misteriosamente el Espíritu  Santo conecta a los que comemos del mismo pan. En el Cuerpo de Cristo encontramos el poder para vivir lo que el pecado trata de hacer imposible una y otra vez. Por eso necesitamos una y otra vez repetir el gesto de sentarnos juntos a esta mesa. Porque el amor es mas fuerte que el pecado y la comunión es más profunda que nuestras divisiones. Los cristianos  de diferentes denominaciones no nos sentamos aún en la misma mesa, vivimos con la esperanza de poder hacerlo y ser para el mundo un signo creíble del Reino de Dios. Feliz día del Corpus y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.