SEMANA QUINTA TO MARTES

Me sorprende la oración de Salomón en la inauguración del Templo de Jerusalén. Esa conciencia de la grandeza de Dios que no cabe en los cielos de los cielos, y por su puesto tampoco cabe en aquel pequeño templo construido con manos humanas. Salomón no pretendí eso, pero sí que le pide a Dios que escuche la oración que se va a hacer en aquel lugar. Esa conciencia de un Dios grande, transcendente, inabarcable, es verdaderamente inusual en aquella época. Porque este Dios no es una invención de los hombres sino un Dios que se ha revelado, que se ha dado a conocer. Y nosotros los cristianos oramos en cualquier sitio, con la puerta cerrada de la exterioridad, desde el templo de Dios que somos cada uno de nosotros. Y en nuestro corazón, en el centro de nuestra lama, somos escuchados por Él. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.