FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Interrumpimos el tiempo ordinario al coincidir este año la fiesta de la Presentación del Señor con el domingo. Nos tocaría las bienaventuranzas. A los 40 días de nacer, los primogénitos de las familias de Israel, eran llevados el Templo de Jerusalén para ser presentados. No se ofrecían en sacrificio (se ofrecía otro animal en su lugar) pero significaba para los padres asumir “este hijo no es mío es del Señor”. Hace uso días se hablaba y se escribía mucho sobre esto de quién son los hijos.  Recuerdo una vez en un velatorio de niño pequeño que decía una persona “los hijos no son nuestros, son del Señor, él nos los da”. 

En el caso de Jesús este acto de consagración a Dios tiene un significado especial. Ningún ser humano ha sido consagrado a Dios como Él que es el Dios hecho hombre.  Es el Hijo de Dios pero en todo igual a nosotros, de nuestra carne y sangre como dice la segunda lectura, tentado como nosotros. Y como uno más de los hijos de Israel pasó por este rito. Se sometió a lo prescrito pero dándoles un sentido nuevo. Jesús entró resucitado en el Santuario, no de Jerusalén, sino del cielo, llevando la ofrenda de su vida entregada para restaurar al relación de Dios con toda la humanidad. Como dice la primera lectura, es el que prepara un camino para toda la humanidad. Él expió los pecados de la humanidad como dice la segunda lectura. Es muy profundo esto que celebramos. La vida que recibimos, que se nos regala es para entregarla, hacer de ella un regalo. Esto es consagrarse.

En mi parroquia, que está haciendo un itinerario estos domingos con el sentido de ser discípulos de Jesús, el  Maestro. Esta semana repartimos un lápiz. ¿Recuerdas la primera vez que tuviste en tus manos un lápiz? Se empieza a escribir de pequeñitos con un lápiz. Es un símbolo de la pequeñez, del que empieza a aprender desde cero. Hemos empezado Alpha. A los que se sienten alumnos aventajados les cuesta mucho entender Alpha. Pues Jesús se sabía poner al nivel de los pequeños, de los sencillos para que lo entendieran, para que lo acogieran. Necesitamos esta actitud de pequeñez para seguir a Jesús. El Hijos de Dios se hizo pequeño, la puerta que lleva hasta Él es pequeña como la puerta de la Basílica de la Natividad en Belén. Busca un niño, este día muchos van a la Iglesia en brazos de su padres, y busca dentro de ti a ese niño pequeño, a esa niña pequeña. A veces siente miedo, se siente sola, necesita un abrazo. Esa es tu vulnerabilidad. Deja de ir de sobrado por la vida y corre a los brazo de Jesús y sentado en sus rodillas escúchalo. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.