SEMANA SEGUNDA NAVIDAD DOMINGO

Las lecturas de este domingo en medio de la Navidad no nos dirigen al portal, a lo sencillo y cotidiano del nacimiento de Jesús sino a profundizar lo que significa la encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios. En el Pueblo de Israel era muy importante la presencia de Dios, su cercanía. Dios no se concretaba en una imagen, tenían prohibido fabricarlas. Tenían el Arca de la Alianza como un signo de que Dios estaba en medio de ellos y los acompañaba por el desierto. Montaban y desmontaban la tienda del encuentro cada vez que se movían. Después de varios santuarios construyeron el  Templo de Jerusalén y allí colocaron el Arca. Por eso habla en la primera lectura “pon tu tienda en Jacob”. Y si nos fijamos en el Prólogo de San Juan se habla también de poner la tienda. 

En la lectura del Ecclesiástico se habla de la Sabiduría como esa imagen más tardía de la presencia de Dios, pero se trata de una criatura, alguien creado. Los testigos de Jehová creen que Jesús es una protocriatura, creado antes de todo, y que por medio de él se hizo todo lo demás, como dice el prólogo, que dice que el Verbo estaba junto a Dios, pero también dice que el Verbo era Dios. La tienda que pone Dios con la encarnación es mucho más de lo que el Pueblo de Israel se podía esperar. En la mentalidad religiosa el cielo y la tierra no podían mezclarse ni unirse. Entre lo humano y lo divino tiene que haber una separación insuperable. La cuestión cristológica costó siglos en aclararse. Había cristianos que creían que Jesús era Dios con apariencia humana pero no un verdadero hombre. Otros creían que era un hombre pero no era Dios. Estas eran las principales herejías por no liarnos mucho (porque fueron más y mas complejas). 

 La cuestión de quien es Jesús es también una cuestión antropológica. Si Jesús no es Dios encarnado, mi futuro más allá de la muerte es otro. No sería el cielo, que no es simplemente un lugar bonito donde disfrutaremos. No sería la participación de la naturaleza de Dios. San León Magno decía en el siglo quinto “reconoce cristiano tu dignidad, has sido hecho partícipe de la naturaleza divina”. Esto es lo que San Pablo pedía para los cristianos de Éfeso: sabiduría y luz para conocer la esperanza a la que somos llamados. Dios ha puesto su tienda en la humanidad, porque desea tener una relación con la humanidad. Una relación no de condescendencia, el rico que se abaja a la pobreza sin mezclarse con ella, sino de verdadera comunión: “hijo tu siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”.  Nuestro Dios es un Dios que padece, que se hace vulnerable, encarnado hasta las últimas consecuencias, para que yo pueda ser Dios con todas las consecuencias. Profundiza en esto este fin de semana y concreta qué consecuencias tiene para tu vida. Feliz fin de semana y bendiciones.