BAUTISMO DEL SEÑOR CICLO C

Seguimos en Navidad pero empieza la Misión de Jesús. En Navidad hemos celebrado el envío por el Padre del Hijo al mundo por medio del Espíritu Santo que hace posible su encarnación en María. Allí el Verbo salía de Dios para venir al mundo. Ahora Jesús sale de Nazaret, de su vida privada para comenzar una misión. Y en el comienzo de nuevo la Trinidad en acto. El Padre confirma al Hijo en su misión, lo afirma como Hijo amado y el Espíritu Santo unge la humanidad de Jesús. En este Evangelio encontramos uno de los cinco lenguajes del amor: Las palabras de afirmación. Una forma de expresar el amor es decir al otro que lo amamos, que estamos orgullosos de él o ella. Cuando no hemos sido afirmados de pequeños crecemos con baja autoestima. De pequeños necesitamos escuchar que valemos. Si no lo hemos escuchado crecemos con la mentira “no valgo”. Y podemos vivir con una baja autoestima y buscando el valor en los otros, en lo que los demás piensan de mí. La experiencia de vivir una relación con Dios como hijos amados es un plus maravilloso. Él siempre nos afirma, cada día nos dice “eres mi hijo amado y estoy muy contento contigo”.

Podemos hacer una lectura personal de este evangelio. En nuestro bautismo también el Padre nos afirmó como hijos e hijas amados y vino a nosotros el Espíritu Santo. Ese día fuimos ungidos con el crisma para ser “sacerdotes, profetas y reyes”. Por lo tanto entramos a formar parte de la Iglesia no como sujetos pasivos o meros números, sino como sujetos activos de la misión de la Iglesia, con una misión personal que se concreta en la vocación eclesial. Todos somos misioneros. Nuestra misión nos ha comenzado con esta Misión Diocesana que estamos a punto de empezar. Tiene una raíz sacramental en el bautismo, se realiza en la Iglesia y viene del mismo Dios. Dios que nos necesita para que continúe la Misión que comenzó en el Jordán.

El Obispo, D. Amadeo, que “ha soñado” con la Misión Diocesana escogió este domingo para su comienzo. Ciertamente bien escogido. Empezamos una aventura. Jesús ese día también sentiría vértigo en su estómago, como cuando empiezas un viaje. Durante estos ochos domingos haremos ese viaje con él. Recorreremos Palestina y viviremos momentos preciosos y otros duros. Como pone en la credencial vamos ligeros de equipaje, cuidados por el Espíritu, la ruta la marca la Palabra, acompañados por María, no vamos solos y no estamos locos, que sabemos lo que queremos… Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.