SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Ayer me puse con mi felicitación y se me ocurrió buscar un niño Jesús de Murillo. Me encontré con uno dormidito sobre la cruz precioso. Lo contemplaba y pensé qué podía escribir. Me fijé en que ese Niño estaría soñando ¿qué soñaría? Soñaba con el sueño de Dios. Él fue enviado a nuestro mundo para hacer realidad ese sueño de Dios para el mundo. Después de los profetas, de muchas palabras y diferentes mensajeros y enviados, llega el mensajero definitivo, el gran misionero y mensajero, la misma Palabra hecha carne.

El Sueño de Dios aparecía en la primera lectura de la Misa del gallo: “la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada en sangre, serán combustible, pasto del fuego”. Jesús nació en una época sorprendente de tranquilidad, en la Paz de Augusto. Pero la paz que él trae es sin límites, para siempre, porque él es el Príncipe de la Paz. Y una Paz que es para todos. Cuando Dios Reina, como proclama la Primera Lectura de hoy, su victoria llega hasta los confines de la Tierra, hasta las últimas periferias, porque es para todos. Como decía la segunda lectura de anoche: “Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”.

Ese es el sueño de nuestro Obispo, así se titula el proyecto pastoral para sus años de episcopado entre nosotros: “el sueño misionero de llegar a todos”. D. Amadeo sueña con el Papa en una Iglesia en Salida. Estamos en una época en que los pastores, como el Niño Jesús, sueñan. Los que sueñan como Luther King son los que cambian el mundo. ¿No tienes tú sueños? Sin sueños no se puede vivir, bueno se puede vivir, pero no se avanza, uno se estanca. Ante la Misión que vamos a realizar, yo también me permito soñar. Después de visitar  a todos, hasta los confine de nuestra feligresía, en las 20 casas que se han ofrecido podremos acoger a 200 personas, de las cuales 100 vendrán a la Asamblea el 24 de febrero y de los cuales 50 se incorporarán a nuestra comunidad. Soñemos juntos en esta Navidad. Felices Pascuas.