19 diciembre

Cuanto necesitamos que el Espíritu de Dios nos agite. Nos dé un buen meneo vamos. Para que le dejemos hacer su obra en el mundo. El Espíritu Santo agita muchos corazones, pone su morada en los hombres y mujeres del mundo para hacernos fuertes y capaces de hacer lo imposible posible. Anoche viví una de las celebraciones más preciosa de Navidad. Los chicos de la Pastoral Universitaria compartimos la cena con un grupo de cinco estudiantes musulmanes. Mientras algunos se empeñan en poner fronteras y en demonizar a ciertos colectivos, el Espíritu Santo trabaja y agita para que se caigan los muros y desaparezcan prejuicios. Con este Espíritu nos preparamos un grupo para vivir el Encuentro de Taizé de Madrid. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.