SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Terminamos este ciclo de LITURGIA CON LOS CINCO SENTIDOS que yo creo que va a dar fruto, como los frutos que se recogen en los cajones donde hemos colocado los carteles. El fruto de afinar más nuestro sentido espiritual, ese sexto sentido que nos ayuda a conectar, a experimentar las cosas de Dios. De las lecturas de este ciclo B me llama mucho la atención que Jesús aparece como el Testigo fiel, el Testigo de la Verdad. Lo afirma el Apocalipsis y él mismo lo afirma ante Pilato. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo  es el único que puede dar testimonio de él. El que nos lo revela como Padre. Y nosotros damos testimonio de Jesús que es nuestra Verdad. Hay cristianos que dan testimonio de Él hasta dar la vida. Como los cristianos coptos que murieron hace semanas camino de una peregrinación en Egipto. O como Asia Bibi que ha estado ocho años en la cárcel en Pakistán por ser cristiana. Podemos parecer fanáticos. Pero no lo somos, somos coherentes cuando vivimos lo que creemos. En una cultura tan relativista como la nuestra en la que se dan por ciertas mentiras no sólo sobre principios éticos sino hasta la misma identidad del ser humano y del amor, que nosotros nos atrevamos a afirmar una verdad por la que se pueda dar la vida, choca mucho pero que mucho.

Y que tiene que ver aquí el olfato. Pues me acordé de que solemos emplear expresiones como “me huele a chamusquina” o “esto no me da buen olor” cundo sospechamos que se nos está engañando. Asociamos el mal olor con la mentira y el bueno con la verdad. Y decimos que “tenemos olfato” cuando somos capaces de distinguir la mentira de la verdad. En la parroquia hoy hemos acogido dando a oler el Crisma. El aceite perfumado con el que ungimos en los sacramentos. Desde el bautismo estamos llamados a ser “buen olor de Cristo” a oler a Jesús, a que nuestra vida huela bien porque vivimos en la autenticidad, sin doblez ni hipocresía. Y podemos vivir este día como dice la canción de “perfume a tus pies” ofreciendo nuestra vida como un perfume al Rey de reyes, un ungüento de buen olor, de Verdad. Yo no sé cómo algunas personas pueden vivir una doble vida tan relajadas. A mí me parece que cuesta menos vivir la autenticidad que la mentira. Es más liberador y a la larga plenificante. Ofrezcamos hoy a Jesús el perfume de nuestra vida hecha testimonio de él. Feliz domingo y bendiciones.  Para ver las lecturas pincha aquí.